domingo, 12 de noviembre de 2017

es sólo un instante

Es sólo un instante. Un breve destello. Nada más. Los tendones tirantes en la muñeca. Parece que fueran a rasgar la piel acto seguido. El puño cerrado. Mi cuello gira siguiendo la parábola perfecta que describe hasta la tocha de ese imbécil. Y las vértebras no se detienen ahí. Acompañan la subsiguiente explosión de perdigones de sangre y saliva, y esa cara deforme. Fuegos artificiales. Asesté un golpe. Nada más. Pero el hipotálamo recibió la noticia con manifiesta algarabía.





domingo, 3 de septiembre de 2017

siete días en Nueva Creta - 2 - cuando sus antecesores se rebelaron contra ella

“– Cuando sus antecesores se rebelaron contra ella [la diosa], inventaron un Dios-Padre cuyo único asunto era la guerra, un demonio feroz que le robó el hacha de batallas y se lanzó a conquistar la humanidad. Desposeyó a la diosa de su soberanía, la convirtió en su esclava y finalmente anunció que ya no existía.
– Si es tan poderosa como ustedes creen, los neo-cretenses, me sorprende que se sometiese a esto.
– No solamente se sometió, sino que además lo organizó ella. Verá: unos cuantos milenios de caos pueden significar muy poco para un inmortal, y ella tenía dos propósitos claros en su mente. El primero era que amaba al hombre y no quería que se sintiese encadenado y reprimido: lo emanciparía y le permitiría que cumpliese con su destino dejándole que descubriera lo absurdo que era crear una deidad suprema en su propia semejanza fálica. Al final volvería voluntariamente a su gobierno. (…) Cabeza de Mazo ya le ha contado los orígenes de Nueva Creta. Cuando llegaron al poder los sofócratas, en un tiempo de desesperación casi universal, los argumentos de ben-Yeshu les persuadieron a fijar colonias de las que se ha desarrollado nuestro presente sistema social. El Consejo Antropológico aceptó el argumento con el cual empezaba el famoso, aunque recargado, libro de ben-Yeshu: “La civilización ha sufrido una crisis de nervios global a resultas de un intento de desarraigar un elemento religioso vital de la herencia psicológica del grupo de sangre alpino dominante”. En otras palabras, acordaron que si la humanidad iba siquiera a sobrevivir, había que restablecer a la diosa en su poder, y habían recogido los suficientes datos arqueológicos como para poder restaurar su culto con el detalle convincente (…)
– Así que ahora estamos de nuevo en los días anteriores a la guerra de Troya –le dije–, sólo que con la ventaja de que el hombre ha aprendido el peligro de rebelarse contra la diosa; y que en el curso de su rebelión ha hecho cierto número de inventos útiles de los cuales aún se beneficia (…) ¿Se ha encontrado alguna vez con el “Grumbling Hive” de Mandeville? Parece ser que ben-Yeshu lo pasó por alto en su lista de utopías.
– No, no ha sobrevivido.
– Bueno, pues viene muy al caso. Él mantenía que la virtud (que definió como cada acto por el cual el hombre, contrariamente al impulso de la naturaleza, intenta beneficiar a su compañero hombre por un deseo racional de bondad) es a la larga perjudicial para la humanidad. Describe una sociedad poseedora de todas las virtudes que cae en la apatía y la parálisis, e insiste en que los vicios privados son beneficiosos al público”.
                                                                  Siete días en Nueva Creta (Robert Graves)

siete días en Nueva Creta - 1 - ¿acaso la gente tiene que ser prácticamente idiota? Eso parecía

“¿Me acostumbraría algún día a las maneras de cuentos de hadas que tenían los neo-cretenses? ¡Qué ingenuidad de fe tan fantástica! Y sin embargo, sin tal ingenuidad, ¿qué restricciones podían imponerse sobre las picardías individuales? Nada efectivo a la larga, como bien mostraba la historia. Entonces, para llevar lo que los filósofos llaman "la buena vida", sin crimen ni pobreza, ¿acaso la gente tiene que ser prácticamente idiota? Eso parecía: realmente, me dije, sólo durante una época como la última cristiana se exigía el pleno y constante ejercicio del ingenio. El dinero era la mejor amoladera para la inteligencia individual, y en la centuria americana a la que estaba comprometido a mi vuelta iba (…) a ser probablemente la única amoladera.

La libertad de creencia religiosa que teníamos prometida era, naturalmente, una contradicción de términos. Allí donde una autoridad secular central basada íntegramente en el dominio del dinero, se imponía sobre todos los miembros de una nación, tranquilizándoles con la seguridad de que sus creencias religiosas eran de su propia incumbencia privada mientras no se rompía la paz, los verdaderos valores religiosos desaparecían.

No podía existir una verdadera religión excepto en una comunidad teocrática. Y cuando, como en América, se había repudiado incluso una monarquía constitucional, el último vestigio andrajoso de la teocracia primitiva, no quedaban más valores que los monetarios. Cuanto más rico es el hombre, más agudo su ingenio; cuanto más agudo es su ingenio, menos lo es su sentido de la religión. Por otra parte, cuanto más rico es el hombre, mayor es la necesidad de consolidar su posición social, y esto sólo se consigue con una restauración simulada de los valores reemplazados.

Así pues, cuanto más agudo es el ingenio, más majestuosa es la ida a misa, un fenómeno que los americanos señalan con orgullo. ¡Desventurados los hombre ricos de Cafarnaum! Pero tuvieron su premio sobre la tierra, y aunque Jesús declaró que ningún hombre podía servir a Dios y al Becerro de Oro, sino que debían someterse de todo corazón a la ley mosaica, la ley en sí tintineaba con monedas de oro y plata.

Bueno, yo sólo era un pobre europeo, un recusante incorregible, a quien no reservaban ninguno de los asientos más altos en la sinagoga. Ni tampoco Rusia me seducía en lo más mínimo: el régimen era anti-poético. No obstante, si hubiese que elegir entre la idiotez neo-cretense y el super-ingenio americano, era lo bastante simple como para elegir lo primero y evitar las úlceras de estómago, las serpentinas y los trajes de domingo. ¡Pero vamos!”.

                                                                        Siete días en Nueva Creta (Robert Graves)

sábado, 26 de agosto de 2017

viernes, 25 de agosto de 2017

Posteconomía - 10 - pelea por nuestra dignidad como comunidad


“[el anticapitalismo que A. Baños propone es reaccionario] El capitalismo es un ente cinético, y toda revolución lo que hace es acelerar de forma notable la natural inercia del capitalismo (...), [que] ha sabido cooptar cualquier empuje contrario desde la contracultura de los setenta hasta el ecologismo, aumentando con las fuerzas de la oposición su propiar velocidad.

Muchos abogan, pues, por el estatismo, el silencio, la desaparición. Puesto que vivimos en un biocapitalismo, la retirada del cuerpo, el agotamiento, la pereza y la inacción como protesta son fuertemente atractivos. Las cuatro D: Desertar, Desobedecer, Disolver y Descansar. Si un revolucionario puede compararse a un toro embistiendo, el reaccionario debe ser como una mula, inmóvil, terca y desobediente. Se trata de exaltar el no.

(…) debemos superar las cuatro grandes patas de este nuevo capitalismo. Contra la propiedad, usufructo. Contra la competencia, cooperativa. Contra la usura, regalo, y contra el dinero fiduciario, moneda libre (…).

Marx (,,,) dice un gran verdad: “El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual en general” y remata: “No es la conciencia de los hombres la que determina su existencia; por el contrario, su existencia social determina su conciencia”. Si dejamos que avance la post-economía y la nueva sociedad feudal, nuestras conciencias se adaptarán a la servidumbre e irán olvidando lo que era la libertad, No es la lucha por los servicios públicos o los puestos de trabajo. Esta vez la pelea es por mantener en nuestros espíritus la integridad de nuestra autonomía como individuos y de nuestra dignidad como comunidad.”      

                                                                 Posteconomía (Antonio Baños Boncompain)

Posteconomía - 8 - la nueva clase estabulada



[Para demostrar que la crisis se usó como una burda excusa para aplicar unas medidas de austeridad y desmantelamiento del estado del bienestar que ya se tenía intención de aplicar mucho antes de que la crisis siquiera se vislumbrase, Antonio Baños explica, entre otras muchas argumentaciones, lo siguiente:] “En el año 2003, el gobierno social-demócrata de Gerhard Schroeder, en alianza con los verdes, [aprueba la agenda 2010 y con ello] comienza a destruir todo lo que su partido había logrado desde 1890 en Alemania: el sistema de protección social Bismarckiano, el programa del SPD de Bad Godesberg, las normas de negociación colectiva... (…) la socialdemocracia alemana se disponía a su suicidio ritual. (…)

Pero entre todas las recomendaciones de la agenda 2010, una ha calado hondo en el pueblo: la Hartz IV (…) unifica el subsidio social con la prestación de desempleo, de manera que vincula dos situaciones que siempre habían sido radicalmente diferentes. A partir de la Hartz IV, un pobre es un pobre, da igual si es un ingeniero que no encuentra trabajo o un alcohólico con problemas paranoides. O estás dentro o estás fuera. (…) esta unificación tiene como objetivo el control de la masa sin ingresos para poder presionarla legalmente a que acepte trabajos infra-retribuidos.

La trampa es que por una parte se garantiza la protección; los beneficiarios cuentan con la garantía de prestación de ayudas básicas: educación y sanidad gratuita, dependencia, calefacción, etc. Pero, por otra, deben aceptar hacer trabajos de interés comunitario como, por ejemplo, barrer el parque a un euro por hora. A los nuevos marginados, exactamente como pasaba en el siglo XVII, se les instala en lugares en los que expían la culpa de su pobreza trabajando gratis (…). El Estado ya no debe contratar barrenderos o jardineros sindicados, pues con los siervos se las apaña. Se difumina de manera inquietante el concepto de trabajo, y se sortean la idea de parado y sobre todo de retribución.

El Hartz IV, en combinación con los minijobs, sirven también para mantener bajas las cifras oficiales de parados. Cualquier actividad, por más explotadora que sea, es un trabajo, y el que la lleva a cabo, por más desprotegido que esté, adquiere el rango de trabajador. En otras palabras, se permite la servidumbre a la vez que se la oculta bajo las estadísticas, siempre favorables, de empleo.

Con el tiempo, los Hartz IV podrán ser vendidos o alquilado a empresas que necesiten mano de obra a un euro. La dimensión del Hartz IV no es nada marginal. Sin él, el índice de paro en Alemania superaría el 15%. (…) la población en riesgo de pobreza sustituye hoy en día al viejo lumpen-proletariado marxista, aunque ejerciendo la misma función productiva y clientelista. Nace una clase latente, los limbolaboradores, situados fuera del reconocimiento social y de la autoestima, pero a cubierto de la rebelión mediante la sopa boba. Un estrato social alimentado con subsidio y televisión: una clase estabulada.”


                                                                                  Posteconomía (Antonio Baños Boncompain)

lunes, 14 de agosto de 2017

Posteconomía - 9 - tontos pero buenos



“Más vale que la gente no sufra por la vida que le espera. Y para ello la educación es un aspecto clave de la nueva sociedad señorial. La educación hoy en día es un fastidio, sobre todo para el educando, que no sabrá qué hacer con ella (…).

En contra de lo que nos dice la academia y la autoridad, la extensión y el endemismo del fracaso escolar no es un problema para el sistema (…). “El declive de la inteligencia crítica y del sentido de la lengua –la ignorancia, según [Jean-Claude] Michéa–, lejos de ser efecto de una disfunción lamentable de nuestra sociedad, se ha convertido, por el contrario, en una condición necesaria para su propia expansión”. El fracaso escolar es el objetivo indisimulado del propio sistema educativo (…). El sistema no quiere brutos, solamente alumnos que salgan cívicos y empleables. Que den el pego pero que no sean estomagantes. Que piensen pero que no cuestionen. Que sepan, en definitiva, “lo que tienen que hacer”. “Saber ser”, como leíamos arriba.

Y lo que es más sorprendente, el cuerpo docente adopta también del entertainment para fidelizar a la audiencia. Michéa destaca términos como las “actividades de valores o transversales”, las “salidas pedagógicas” o los “foros de discusión”, versiones infantiles de los programas de debate televisivos: “La escuela se convertirá en un espacio democrático y alegre”. Edutainment: aprender divirtiéndose. Y con el aprender divirtiéndose se inicia al niño de la teta post-productiva. El entretenimiento será su hogar, su trabajo y su paisaje el resto de la vida. (…) la parte sustantiva es el esparcimiento, lo divertido, mientras que lo demás es accesorio. (…) Philippe Meirieu, director del Institut National de Recherche Pédagogique, convirtió al maestro en «proveedor de ocasiones» o, lo que es lo mismo, en la primera empresa de servicios de tu vida.

Se trata, en resumen, de una falsa educación. Es una preocupación banal y exhibicionista por una formación centrada en los aspectos más absurdos de la vida, eludiendo, claro está, el temario conflictivo o sustancial. Algo que volvemos a encontrar en el mundo adulto (…).

Las materias sólidas (filosofía, lenguas clásicas, retórica, matemáticas) se dejan a un lado y se apuesta por los conocimientos prácticos (…). Estamos ante un simulacro de formación técnica que obviamente no amenazará a la élite. (…) “La Comisión Europea estima que las competencias técnicas de nivel medio tienen una vida aproximada de 10 años (…)”.

Claude Allègre, polémico ministro de educación del gabinete de Lionel Jospin, fue claro al explicar el interés de los políticos por la educación: “La escuela es el más grande mercado del siglo XXI”.

En El País del 26 de junio de 2006, Eduardo Mendoza (…) escribió una columna titulada “Destrozos”, en la que resumía el asunto: “Hay un proyecto, quizá inconsciente, de manufacturar ciudadanos que no sean malos, pero sí tontos”.”

                                                                    Posteconomía (Antonio Baños Boncompain)