sábado, 26 de agosto de 2017

viernes, 25 de agosto de 2017

Posteconomía - 8 - la nueva clase estabulada



[Para demostrar que la crisis se usó como una burda excusa para aplicar unas medidas de austeridad y desmantelamiento del estado del bienestar que ya se tenía intención de aplicar mucho antes de que la crisis siquiera se vislumbrase, Antonio Baños explica, entre otras muchas argumentaciones, lo siguiente:] “En el año 2003, el gobierno social-demócrata de Gerhard Schroeder, en alianza con los verdes, [aprueba la agenda 2010 y con ello] comienza a destruir todo lo que su partido había logrado desde 1890 en Alemania: el sistema de protección social Bismarckiano, el programa del SPD de Bad Godesberg, las normas de negociación colectiva... (…) la socialdemocracia alemana se disponía a su suicidio ritual. (…)

Pero entre todas las recomendaciones de la agenda 2010, una ha calado hondo en el pueblo: la Hartz IV (…) unifica el subsidio social con la prestación de desempleo, de manera que vincula dos situaciones que siempre habían sido radicalmente diferentes. A partir de la Hartz IV, un pobre es un pobre, da igual si es un ingeniero que no encuentra trabajo o un alcohólico con problemas paranoides. O estás dentro o estás fuera. (…) esta unificación tiene como objetivo el control de la masa sin ingresos para poder presionarla legalmente a que acepte trabajos infra-retribuidos.

La trampa es que por una parte se garantiza la protección; los beneficiarios cuentan con la garantía de prestación de ayudas básicas: educación y sanidad gratuita, dependencia, calefacción, etc. Pero, por otra, deben aceptar hacer trabajos de interés comunitario como, por ejemplo, barrer el parque a un euro por hora. A los nuevos marginados, exactamente como pasaba en el siglo XVII, se les instala en lugares en los que expían la culpa de su pobreza trabajando gratis (…). El Estado ya no debe contratar barrenderos o jardineros sindicados, pues con los siervos se las apaña. Se difumina de manera inquietante el concepto de trabajo, y se sortean la idea de parado y sobre todo de retribución.

El Hartz IV, en combinación con los minijobs, sirven también para mantener bajas las cifras oficiales de parados. Cualquier actividad, por más explotadora que sea, es un trabajo, y el que la lleva a cabo, por más desprotegido que esté, adquiere el rango de trabajador. En otras palabras, se permite la servidumbre a la vez que se la oculta bajo las estadísticas, siempre favorables, de empleo.

Con el tiempo, los Hartz IV podrán ser vendidos o alquilado a empresas que necesiten mano de obra a un euro. La dimensión del Hartz IV no es nada marginal. Sin él, el índice de paro en Alemania superaría el 15%. (…) la población en riesgo de pobreza sustituye hoy en día al viejo lumpen-proletariado marxista, aunque ejerciendo la misma función productiva y clientelista. Nace una clase latente, los limbolaboradores, situados fuera del reconocimiento social y de la autoestima, pero a cubierto de la rebelión mediante la sopa boba. Un estrato social alimentado con subsidio y televisión: una clase estabulada.”


                                                                                  Posteconomía (Antonio Baños Boncompain)

lunes, 14 de agosto de 2017

Posteconomía - 9 - tontos pero buenos



“Más vale que la gente no sufra por la vida que le espera. Y para ello la educación es un aspecto clave de la nueva sociedad señorial. La educación hoy en día es un fastidio, sobre todo para el educando, que no sabrá qué hacer con ella (…).

En contra de lo que nos dice la academia y la autoridad, la extensión y el endemismo del fracaso escolar no es un problema para el sistema (…). “El declive de la inteligencia crítica y del sentido de la lengua –la ignorancia, según [Jean-Claude] Michéa–, lejos de ser efecto de una disfunción lamentable de nuestra sociedad, se ha convertido, por el contrario, en una condición necesaria para su propia expansión”. El fracaso escolar es el objetivo indisimulado del propio sistema educativo (…). El sistema no quiere brutos, solamente alumnos que salgan cívicos y empleables. Que den el pego pero que no sean estomagantes. Que piensen pero que no cuestionen. Que sepan, en definitiva, “lo que tienen que hacer”. “Saber ser”, como leíamos arriba.

Y lo que es más sorprendente, el cuerpo docente adopta también del entertainment para fidelizar a la audiencia. Michéa destaca términos como las “actividades de valores o transversales”, las “salidas pedagógicas” o los “foros de discusión”, versiones infantiles de los programas de debate televisivos: “La escuela se convertirá en un espacio democrático y alegre”. Edutainment: aprender divirtiéndose. Y con el aprender divirtiéndose se inicia al niño de la teta post-productiva. El entretenimiento será su hogar, su trabajo y su paisaje el resto de la vida. (…) la parte sustantiva es el esparcimiento, lo divertido, mientras que lo demás es accesorio. (…) Philippe Meirieu, director del Institut National de Recherche Pédagogique, convirtió al maestro en «proveedor de ocasiones» o, lo que es lo mismo, en la primera empresa de servicios de tu vida.

Se trata, en resumen, de una falsa educación. Es una preocupación banal y exhibicionista por una formación centrada en los aspectos más absurdos de la vida, eludiendo, claro está, el temario conflictivo o sustancial. Algo que volvemos a encontrar en el mundo adulto (…).

Las materias sólidas (filosofía, lenguas clásicas, retórica, matemáticas) se dejan a un lado y se apuesta por los conocimientos prácticos (…). Estamos ante un simulacro de formación técnica que obviamente no amenazará a la élite. (…) “La Comisión Europea estima que las competencias técnicas de nivel medio tienen una vida aproximada de 10 años (…)”.

Claude Allègre, polémico ministro de educación del gabinete de Lionel Jospin, fue claro al explicar el interés de los políticos por la educación: “La escuela es el más grande mercado del siglo XXI”.

En El País del 26 de junio de 2006, Eduardo Mendoza (…) escribió una columna titulada “Destrozos”, en la que resumía el asunto: “Hay un proyecto, quizá inconsciente, de manufacturar ciudadanos que no sean malos, pero sí tontos”.”

                                                                    Posteconomía (Antonio Baños Boncompain)