domingo, 28 de julio de 2019

oikumene - sobre los intestinos y la gloria en las guerras


En los días posteriores a la partida, durante las extenuantes jornadas a pie, se suceden largos silencios en los que Memnón a menudo se pregunta para sus adentros “¿De qué hablan un padre y un hijo que jamás han hablado? Mi vida apuesto a que ninguno de los muchachos resolvería este acertijo, y los vasos de vino sobre la mesa irían todos a mi vientre. Sólo se me ocurre –y él sólo me requiere–, de tanto en tanto, contarle mis aventuras e historias en guerras y batallas”.

El guerrero exhausto tras la batalla,
empuñando su espada de hierro.
Ésta a un costado y la punta baja,
mientras otea el paisaje desolador
que se extiende imponente a sus pies.

El manto de gramíneas
teñido de rojo se mece,
dibujando el perfil de un Sol cansado
al que no afectan sus caricias.

Los gritos de los heridos
rasgan la bruma por doquier.
Se suman y se entremezclan
en el viaje hasta sus oídos.

El tiempo se ralentiza.
Sería así la vida si hiciera parte
de un cuento de muerte sin fin.

Viendo a su padre absorto en sus pensamientos, Argelao le inquiere: – Si no es indiscreción, padre, ¿puedo saber en qué piensa?

En un primer momento, cree que no ha oído su pregunta, pero cuando está a punto de repetirla, Memnón se recompone y toma aire: – Ah, pues… recordaba el trigal tras la batalla… Un jardín rojizo de miembros amputados y hombres con las tripas asomando por profundos tajos, como muñecos deshilachados... Uno no puede evitar palparse el estómago para cerciorarse de que siguen todos ahí... – tras acabar esta última frase en un tono apenas audible, permanece pensativo unos instantes.

– ¿El qué, padre?

– Los intestinos, hijo, los intestinos... Me creerás si te digo que poco hay más perturbador que ver el propio interior salir fuera de uno mismo, y la sangre que no se acaba...

Transcurrido largo tiempo en el que Memnón prosiguió el camino completamente ausente, y mucho después que Argelao creyera concluida la conversación, el primero exhaló sonoramente: – En verdad te digo, hijo, hacer la guerra es, en su mayor parte, y sin importar cuántos lo nieguen, más tedioso que labrar las tierras. Y gloria no se encuentra en lugar alguno, sino en la mirada serena de unos pocos caídos, o, al volver victorioso, en la prosa reposada de los ausentes.

– Entre los únicos momentos de grato recuerdo, jugar a los acertijos con los más novatos, y comentar los movimientos en combate con los veteranos, siempre junto a un gran fuego y con un vaso de vino sabiamente escanciado, pero sobretodo, reencontrarse con un compañero de armas vivo y de una pieza tras la batalla.



miércoles, 24 de julio de 2019

el filósofo veloz

El pobre hombre, larguirucho pero encorvado, se parecía a su bastón. Profeta de la heterodoxia, sólo era capaz de pensar cuando estaba en movimiento rectilíneo, por lo que sus contertulios quedaban ya muy lejos cuando al fin podía detener su zancada y vocalizar sus réplicas y teorías. Así es que, por suerte o por desgracia, nunca pudo completar una discusión, por lo que nunca pudo convencer a nadie de nada, ni nadie le alzó la mano o la voz más de lo debido, salvo para gritarle que no huyese.



digo, todavía eres belleza, sueño y piedra

Digo, todavía eres belleza, sueño y piedra.
Digo, bella, que todavía eres mito translúcido,
por el que veo tu savia pendenciera,
como si fueras vaina con pulso.

Pero arrópame, mercenaria de tez fúnebre,
que arrojas tierra a los ojos de tus guerras.



guerrilla

Domingo, sobre un pez globo tuerto.
De nuevo arrugado, reseco
y a la vez empapado de alcohol,
como la menta en mi mojito.

En mi interior una guerrilla
lucha por librarse de mí.
Puedo oír el silbido de los proyectiles
y sentir como se incrustan en mi córtex.

Nos veo con 70 años sentados en un banco
(¿o es otro con el que estás?).
Bueno, lo que quiero decir
es que la escena me enternece tanto
que quiero llamarte para follar.



they are just what they are

As I got close to the coffin,
where always belonged to,
the fist, triggered by an own,
primal will, hit hard on those
wooden doors of Hell,
and I faced my demons,
since, in the end,
they are just what they are.


el pasante tibio

En vida fui pasante tibio
tentando a mis pasajes sombríos.
Sólo desdeñaba con negligencia
parcelas libres de sal y tierra.

A mis espaldas aparté de la vista,
y rogaba a mis huéspedes
que se fueran de casa
con su genio precoz de escalera.

Ya cerca del féretro,
donde no quería estar,
con mi propio puño llamé
a las puertas del infierno,
y me encaré
con mis demonios,
porque, al final,
ellos sólo son lo que son.