domingo, 31 de mayo de 2020

postales de confinamiento – 0 – teletrabajar

aún no ha empezado el confinamiento, y ya nos están ordenando "¡ni se te ocurra tele-trabajar en pijama, desgraciao!" ["ni se te ocurra disfrutarlo ni un pelín", vienen a decir], "aquí todos a arreglarse como si fuerais a la oficina" [con lo a gustito que se está en pijama y batín... Pero bueno, habrá que maquillarse y gastarse el medio pote de laca habitual, para el poco rato que mis hijos me van a dejar estar tranquila ante la pantalla en el comedor].





postales de confinamiento – 5 – lumarmiérjueviersamingo


“hoy es lumarmiérjueviersamingo”
“hoy es lumamiérjueviersabadingo”



miércoles, 27 de mayo de 2020

¿que si uno siente soledad?


– ¿Que si uno siente soledad? jaja ¡qué cosas dices! –se rio–, esa buena compañera no defrauda nunca; (casi) perfecta porque minimiza los elementos que pueden fallar. Es un principio bien sencillo: cuantas menos partes móviles tenga cualquier sistema mecánico, más fiable es, puesto que menos margen le dejamos al viejo Murphy para que nos pueda joder. Y digo "casi", porque tiene un par de defectillos, nada, menudencias despreciables, pero me obligan a dejarte clara esta letra pequeña: el primero es que, si algo sale mal, no le puedes echar la culpa a nadie más que a ti; y el segundo, que tiene un peaje de varios años en tu esperanza de vida. Nos ha jodido, ¿no? ¡Los idiotas con fe que nos ganan en algo! Jodida ironía del destino, ¿eh? ¿Quién lo iba a decir? jaja.

– Y por eso ya queda al arbitrio de cada cual sopesar los riesgos, hacer un análisis DAFO, ya me entiendes, ver si a uno le conviene más unos pocos años de vida extra expuesto a multiplicidad de errores –aunque ciertamente puedes culpar de ellos a los que te rodean, no te lo voy a negar–, o una existencia (casi) perfecta algo más corta, sin tener que dar la razón nunca a nadie. ¿Qué te parece eso? Imbatible, ¿no? Yo que tú no lo dudaría un instante. Anda, échame la firmita aquí –dijo el diablo–. Eeeeso es. Muy bien. Ya casi hemos terminado.

La palabra más fea, ¿dices? Entre nosotros dos, quitando algunas demasiado vulgares como para enumerarlas aquí, “anormal”. Seguida de “normal”. ¿Y la que tiene un mayor significado? “Hipócritas”. Contiene tanto, y a tantos… Y lo digo aquí, con las trompetas del apocalipsis resonando en nuestros tímpanos. ¿Lo ves? Implorando que alguien llene este vacío tan grande dejado por la ausencia total de épica en la sombría existencia del ciudadano medio. La del pasante tibio que no se atrevió a llamar a las puertas del infierno. Ir al encuentro de los amigos perdidos. Tomar el baño en la mar, la noche de aquella tormenta. Arrancar las ropas de la amada con la mirada perdida del Berserker sediento de sangre… Perdona… Me dejé llevar... Aquí tienes tu copia. Yo me quedo con el original. ¡Felicidades, no te arrepentirás! No olvides depositarla en la ventanilla 3B/26-Z, junto con una copia del DNI y un par de fotografías tamaño carnet recientes. No me seas tacaño que luego San Pedro se me queja que no se os reconoce.



jueves, 21 de mayo de 2020

oikumene 13 - la tumba de Eixmunazar - 1


Una terrible ventisca sorprende a padre e hijo en medio de ninguna parte, de fuertes vientos del norte, fríos y racheados. Se ponen a buscar desesperadamente un lugar que les proporcione refugio, sabiendo que de lo contrario podrían perecer congelados en la larga noche que les espera. Pero la visibilidad es prácticamente nula, con ese aire gélido castigando los ojos y lo poco que de sus caras asoma. Finalmente, Argelao cree ver un oscuro agujero del tamaño de un par de brazos en lo que parece un leve promontorio, y se adentran en él.

Una vez allí, aliviados y a resguardo de las inclemencias del tiempo, consiguen hacer un pequeño fuego con las ramitas y hojarasca que han podido amontonar. La tenue luz que baña ahora el interior de su guarida les permite ver el fondo de la misma, y ambos dan un respingo al unísono al distinguir las figuras de dos amenazadores leones que custodian lo que parece ser la entrada a una vieja tumba. Por suerte, no son más que dos esculturas esculpidas en la roca con gran esmero, y deciden que ya explorarán más por la mañana, pero el susto que les han dado, junto a los aullidos incesantes del viento en el exterior, hacen que les cueste conciliar el sueño, aunque finalmente el cansancio les vence y logran dormirse.

Cuando se agota la pulsión,
cuentan los ancianos del lugar,
el polvo y los lloros se detienen,
los extraños mudan sus gestos,
y el tozal afila sus sombras.

Cuando se agota la pulsión,
cuentan los ancianos del lugar,
los olivos se arremolinan
frente a los frisos mudos,
y hunden sus raíces secas
en las rocas del tozal.

Es entonces que,
según los ancianos del lugar,
aquél crío con arrestos
siente el crujir quedo
de sus feroces estocadas.

Al día siguiente, son despertados por el goteo incesante de agua que supura de las paredes y corre por las rendijas de la caverna, pero a pesar de la humedad reinante, sienten el calor acogedor de los primeros rayos de un sol que se cuela con fuerza en su agujero, molesto por la ventisca que lo mantuvo oculto el día anterior. Tras un copioso desayuno para reponer fuerzas, la curiosidad puede al fin con ellos y deciden, haciendo caso omiso de las desafiantes miradas de los leones de piedra, adentrarse en la tumba, sosteniendo cada uno una antorcha improvisada para la ocasión. Cuando sus ojos se acostumbran a la negrura, consiguen distinguir en el centro del túmulo un gran sarcófago de piedra basáltica.



Memnón analiza pausadamente la inscripción que puede verse en el sarcófago. Conoce algo la escritura fenicia, por las enseñanzas que recibió de Tisafernes en su largo cautiverio durante la gran guerra contra los lacedemonios, comenta en voz alta. Transcurridos unos minutos que a Argelao se le hacen eternos, su padre, sin abandonar una expresión preocupada, comenta:

– Lo poco que soy capaz de leer me produce pavor… Fíjate, aquí, en estas líneas séptima a novena:


dice algo así como: “cualquiera, hombre o mujer, que abriese la tapa de esta tumba… lugar de reposo no habrá para él entre sus antepasados muertos… y no será sepultado en un sepulcro, y no habrá para él hijos ni ¿simiente? ¡Ah, no! descendencia… y los dioses le abandonarán...” Bueno... qué terrible maldición tenemos ante nuestras narices. El tal Eixmunazar no se andaba con bromas... Ni se te ocurra levantar la tapa...