domingo, 12 de julio de 2015

digo, todavía eres belleza, sueño y piedra

digo, todavía eres belleza, sueño y piedra.
digo, bella, que todavía eres mito translúcido,
por el que veo tu savia pendenciera,
como si fueras vaina con pulso.

pero arrópame, mercenaria de tez fúnebre,
que arrojas tierra a los ojos de tus guerras.


fantasía y fiera de tu rostro

Fantasía y fiera de tu rostro.
Tortura sin mácula de un ideal de belleza.
Parásito de mi emoción.
Mendigas la primera de tus gracias,
mi hermana que de nuestra pasión vives falta.
Lloro. ¿Qué crees? Desconoces qué recuerdo de ese amor.


los enemigos de la ducha han tomado la ciudad

Los enemigos de la ducha han tomado la ciudad. Y yo a donde mire sólo veo sobacos. Maldito calor. El sol cauterizando en microsegundos las heridas auto infringidas para pasar el rato. Hace tanto calor que incluso de noche camino bajo la sombra de los árboles.

¿Y qué ciudad es esta que, cuando abro las ventanas para que corra un poco de aire, parece que tenga una fábrica de Terminators al lado?



el río Sinnamary

Dos decenas de guiris repartidos en cuatro piraguas remontamos el río Sinnamary. Los pilotos, unos negros imponentes, duros y brillantes como el basalto, se comunican mediante gestos con la cabeza para sortear, sin abordarse, los troncos que flotan a la deriva y los árboles que sobresalen del lecho del río amazónico. Mientras, con la mano libre, achican el agua que entra a borbotones entre los maderos de las desvencijadas embarcaciones.

No puedo apartar la mirada de la impresionante cicatriz que el piloto de mi piragua –el jefe de la tropa– tiene en el gemelo, el resultado de una laceración presumiblemente muy grave, que parece que le dejó, sin exagerar, con apenas media pierna. Mi cerebro no descansa tratando de imaginar qué horrible ejemplar de la fauna autóctona puede haber sido el responsable de tal herida.

Mientras tanto, a ambos lados de la embarcación nadan en paralelo una multitud de pequeños peces bigotudos y viscosos que podemos ver, no precisamente por la transparencia de las aguas –pues no son de otro color más que el del café con leche–, sino porque constantemente van dando saltitos a ras de superficie. El guiri que va sentado delante de mí, con unas ganas locas de hacer alguna gracia, ha dispuesto su gorra en un lateral a modo de red, y, por supuesto, no pasa mucho rato hasta que uno de esos peces bigotudos cae en la trampa, para alegría del pescador.

Ahora, su sonrisa triunfante se transmuta rápidamente en una mueca de terror cuando, tratando de extraer el pez de la gorra, éste le arrea un mordisco en la mano antes de escabullirse y le empiezan a brotar unos hilos de sangre. A ver, uno debe ponerse en antecedentes. Llevamos semanas recibiendo, desde diversos canales, toda clase de inputs que acojonan al personal, empezando por la necesidad de vacunarse contra una lista interminable de enfermedades, como la fiebre amarilla, o que no hay que beber ni comer esto ni lo otro, y, probablemente, al observar los orificios oscuros que esa inmunda presa le ha hecho en la palma, el guiri piensa que se le va a caer la picha a pedazos, o algo por el estilo. Y el terror del guiri se convierte en pánico cuando el piloto, ese hombretón ancho como una autocaravana, cuya pierna fue el almuerzo de algún cocodrilo, al advertir lo que ha pasado, empieza a gritar a sus compañeros y a hacer aspavientos con el brazo para indicar rápidamente que den media vuelta. Cuando tras hacer al amago de empezar a virar, el guiri muestra signos evidentes de que está a punto de desfallecer -su tez más pálida que la horchata-, el Cocodrilo Dundee del río Sinnamary estalla en unas sonoras carcajadas, y le da una palmada en la espalda que seguramente le causa desplazamiento de órganos, pues los que estamos a su alrededor podemos sentir la onda expansiva.

Para que el guiri recupere el pulso tras la broma, nos detenemos en medio del río y, de unas neveras de camping de las que nadie se había percatado, los guías sacan unas cuantas botellas de ron criollo, sirope de caña y limas, con lo que preparan ‘ti punch para todo el personal. Por suerte, y a pesar de que son las 10 de la mañana, los ‘ti punch no son tan letales como uno piensa -por su ingente contenido alcohólico- cuando toma un sorbo; supongo que porque, con una temperatura que debe rondar los 33 grados a la sombra, y una humedad relativa del 90%, uno los suda tan pronto alcanzan el estómago. (El pelotazo que pegan de vuelta a Europa esas cuatro partes de ron y una de sirope, sin hielo, es otro cantar.) El guiri, tras mojar los labios en ese brebaje, parece que se lo piensa mejor, y pide que se lo cambien por un zumo de una de esas botellas que también andan por ahí. El piloto coge toscamente el vaso de plástico de su mano, lo sumerge en el río para limpiarlo y, aun con algo de agua de esa como el café con leche en el culo del vaso y reguerones cayendo por los costados, lo rellena con zumo hasta los bordes. A continuación, brindamos todos con los ojos puestos en las gotas de sudor frío que caen por las sienes del guiri, que mira su vaso sin saber qué cara poner.



largo pasillo de metro en verano

Todos los recuerdos que me desvivo en reflotar huelen a largo pasillo de metro en verano. Y al pobre músico callejero, el único que pone algo de su parte añadiendo un fino hilo musical, le negamos toda moneda, a pesar de que nos hace llorar. No aprietes el paso. No lograrás huir de ti misma. Ni de lo que nos dijimos… aunque siempre podremos alegar que las reverberaciones no nos dejaban oír.

cuando los cerdos amen

La respuesta a todas las preguntas que te asaltaron a lo largo de esta semana, “Cuando los cerdos amen”. Bah, ya me gustaría que todo fuese tan sencillo. Un mundo sin esperas ni señales, sin confusiones ni malentendidos, sin ira ni envidia, sin aristas ni curvas, sin tú ni yo, sola y llanamente perfecto... ¿Aburrido? ¿De verdad es eso lo que piensas? ¿O es lo que, a la fuerza, nos han vendido? Sin embargo, y sin llegar a ese extremo, ¿es realmente necesaria esa cadena estúpida? Yo te quiero a ti, tú le quieres a él, él quiere a ella, y ella quiere a otro bastardo. Parece una broma cruel, si no fuera tan improbable, y si no ocurriese tan a menudo. Y entre tanto... El infierno de la ineficiencia. Sí, el desorden siempre crece en el mundo, ¿pero hasta ese punto? ¿De verdad no rebasa los límites de lo perverso?

Y sé que lo nuestro está perdido cuando,
con tu retrato hecho añicos en las manos,
invoco a la justicia poética,
esa justicia arbitraria que no es de los hombres,
para castigarte.

cuando se agota la pulsión

Cuando se agota la pulsión,
cuentan los ancianos del lugar,
el polvo y los lloros se detienen,
los extraños mudan sus gestos,
y el tozal afila sus sombras.

Cuando se agota la pulsión,
cuentan los ancianos del lugar,
los olivos se arremolinan
frente a los frisos mudos,
y hunden sus raíces secas
en las rocas del tozal.

Es entonces que,
según los ancianos del lugar,
aquél crío con arrestos
siente el crujir quedo
de sus feroces estocadas.



el hombre que nunca estuvo en su vida

El hombre que nunca estuvo en su vida
era un ser amurallado,
impermeable a las sensaciones
que lo asediaban desde que nació,
y que intentaban sin éxito rendirlo por hambre.



los sueños y suspiros de vida corta

Los sueños y suspiros de vida corta.
Sueños y suspiros esos,
que se disipan como el golpeo sordo
de un palo en un saco de arena.
Que crecen y mueren tan aprisa
que apenas alcanzan la cabeza.


en casa de Abdul - notas de Siria, besos de una tierra que se marchita

Abdul el beduino abre a sus amigos la puerta de su casa. Lo mismo hace con su corazón. Dentro, todo es igual que en una haima, salvo por las paredes sólidas y el polvoriento PC. Té. Al poco, Maher ya chatea con una novia Serbia y otra de Letonia, en sendas ventanas de Messenger. El módem de 56Kb ruge como si ardiese por dentro. Abdul, en pie tras la espalda de su primo, absorto con el ordenador, sonríe orgulloso al visitante, mientras éste observa el par de camellos que aparca en el cobertizo al otro lado del patio, en estado perpetuo de obra. Cuando el visitante le devuelve la mirada, señala unas fotos sobre el hornillo. En ellas exhibe la misma sonrisa y sostiene unos trofeos muy kitsch con forma de pezuña.



soñar no es gratis

Al contrario de lo que se dice, soñar no es gratis.
Tiene un precio que paga tu cordura.
Y no lo hace por placer, sino a disgusto,
como un compadre despistado
que sale el último de un tugurio
y descubre que le toca pagar la cuenta de la mesa,
cuando los demás ya hace rato que se fueron sigilosamente.



el hombre cuya cabeza se hunde

Ese fraude parlante camina tras su sombra gris.
A cada paso que da, su cabeza pesada
se hunde un poco más en su farsa de cuerpo.
Amasijo de goma reblandecida.
Su boca se inunda y sus quejas se ahogan en él.


ice storm

I could hardly see her eyes
behind that storm of hair and music.
But didn’t need to.
Just had to imagine a bit.
They were staring at me.

Spanish:
Apenas podía ver sus ojos
detrás de esa tormenta de pelo y música.
Pero no era necesario.
Sólo tenía que usar un poco la imaginación.
Me miraban fijamente a mí.


envejecido

Viejo de envejecido,
blando entre el pelotón,
era timorato con mi escalpelo,
pero supe antes que nadie
quién era el impostor.

Fue la sureña de rostro cifrado,
aquella que nos secuestró
con su mirada desafiante;
ese alud de lodo que inundó
el valle entre nosotros.

Antares

Antares, elle allume le verre blanc
du vin qu’on partage.
Environ, les autres sorcières
dansent encore au son
de la musique pas fatigant.
Et parfois tout me ressemble
assez vécut.

se faz tempo

Se faz tempo
que ultrapassei a fronteira,
ja não me lembro.

Se perdi parte de mim
no caminho, não sei.

Este tem sido comprido,
e ainda ninguem
tem a certeza se ja terminou.

magra i sense lluentor

Magra i sense lluentor,
així es lleva
i de por em parla.

Som vora vella follia,
que l’ànsia embolcalla
i ens retreu amb veu crua.

Rema amb ràbia, meua dama,
que així encens
les simes dorades dels bressols.

vuelvo hacia lejos de ti

Se envuelve en su piel.
Se pierde en su piel.
Y quiere respirar su mismo aire.

Vuelvo hacia lejos de ti.
Lugar al que no quiero llegar.


el hombre de piedra - 01

El hombre de piedra permanece inmutable
en su cubo de cristal.
Se tapa los oídos con violencia,
pero las palabras de ella
se cuelan por las grietas en su piel basáltica.
De noche se hielan,
y el hombre de piedra se resquebraja.



globo negro de helio

En la ciudad de los hombres reprimidos,
cada uno pasea su tumor
como un globo negro de helio
flotando elevado tras de sí.
El globo tensa la correa
que lo une al cuello de su propietario
cuando éste hace movimientos bruscos,
como, por ejemplo, para demostrar admiración,
o para recoger algo del suelo.



los lugares donde residí

El techo abuhardillado,
los lugares donde residí.
Tuve varios amores
(si mal no recuerdo).
Ya nunca nada es nítido;
cuanto dejo atrás
no tiene forma,
y sin embargo lo añoro.
Todo tiempo pasado
sólo es olvido,
y a pesar de ello,
siempre luce mejor.

notas de Siria - beso de una tierra que se marchita

Ugarit

Piedra era y en piedra se convirtió.
Animista como sus antepasados.
Permanece inmóvil frente a su querido mar.

***

el paso por Ut

El materialismo oxida el alma y destripa la inocencia.
Tristes títeres sin intestinos amantes del dinero.
Combustible de la ignorancia irascible.

***

el hombre que se enamoró de todos los lugares y sus gentes

La única respuesta que se repite
como una constante en todos los viajes.
Somos iguales. No hay más.
El hombre que se enamoró del mundo,
de todos sus lugares y sus gentes.
Con todo lo que ello implica.

***

Muera la avaricia de los hombres, los gobiernos y los países.

***

Beso de una tierra que se marchita mientras espera que el mundo le brinde un poco de compasión.

***

Deir Mar Samaan (el hogar de San Simón)

Los engranajes del vetusto tren protestan por un aumento de sueldo.
Encuentran el apoyo del lodo y la roca calcárea a su paso por Deir Mar Samaan.
La ventana tiñe de oscuro el último baño de luz, que persigue a un paisaje que se aleja.

***

El mundo parece de juguete y corre a sus pies.

***

el hombre de piedra - 01

El hombre de piedra permanece inmutable
en su cubo de cristal.
Se tapa los oídos con violencia,
pero las palabras de ella
se cuelan por las grietas en su piel basáltica.
De noche se hielan,
y el hombre de piedra se resquebraja.

***

Deir Mar Musa (hogar de San Mosiés)

Colgados de piedra abrazada a piedra.
Testigos para siempre de las dunas
en su vasto lago de arena.
Por las noches la historia y las estrellas
los arropan con sus pieles beduinas.
Herederos de cien culturas y credos.
En medio de todos, a salvo en un cañón invisible.

***

el velo pintado

El velo pintado, la prueba de muerte.
Respuesta añorada.
Filtro azabache y bozal a su perversión.