jueves, 28 de julio de 2016

la estatua de Antoni Gaudí


El niño eternamente en cuclillas frente a la estatua de cobre de Antoni Gaudí, que tiene los brazos y facciones desplegados en actitud de desesperación del que no logra comprender lo que está sucediendo. Ya cuando, largo tiempo mediante, abandona su intención de esperar hasta que la estatua verbalice qué es lo que está mal, y se incorpora para iniciar la marcha, la mandíbula de Gaudí tintinea, e interpela al niño “¡Dime! ¿Cómo es posible que todavía no hayan terminado la que es mi obra cumbre? ¿Acaso no comprendieron el significado de mi sacrificio?”. Y el muchacho, que detuvo su movimiento en seco, responde tras una breve pausa “No sé. ¿Tal vez se consideran indignos de ese honor?”. Gaudí, todavía enfurruñado, reflexiona sobre lo que ha dicho el chico, mientras vuelve a sumirse en su profundo sueño metálico.



(imagen cortersía de mapio)

la persona que quieren que seas


Lo lamento. El que siento hacia ti no es un amor de esos que alterne o combine pasión y romance, sino más bien un amor de compañero. Más vale que encuentres a quien te mereces de verdad. Me refiero a alguien que te quiera profundamente por lo que eres, y no un niño mimado que afirma coquetear con el camino de la autodestrucción, cuando en realidad teme a todo. Eso sí, huye de los que tratan de forjar a base de palos o sugerencias la persona que quieren que seas a partir de la persona que eres.


domingo, 24 de julio de 2016

las agallas del tiburón



Una amalgama borrosa de brazos y cristal.
Párpados y nariz se erosionan a la velocidad del rayo.
Seis cortes para seis cicatrices para siempre;
las agallas del tiburón.
Y las cuencas de los ojos sombrías;
la mirada a cuestas que sigue perdiendo vida sin cesar.