sábado, 10 de agosto de 2019

mira, Clara

Mira, Clara, siempre me ha atraído mucho tanto tu belleza interior como la exterior, pero, por algún motivo que no alcanzo a comprender, había algo en mí que no hacía el click necesario para decidirme a dar el paso adelante, como si en el fondo no creyera que pudiésemos estar hechos el uno para el otro.

Sin embargo, conservo un montón nada despreciable de borradores de notas, escritos, cartas, etc., dirigidos a ti, explicándote las más variadas cosas. Es lo que tiene este mi síndrome de Diógenes del mail... Narran tantos momentos, tantas vivencias que se van a malograr cuando me vaya, pero eso sí, los comentarios más absurdos, estúpidos, y banales ahí quedarán para siempre, enredados en la Red de Redes, configurando una impresión tan naif de lo que un día fui.

Me consuela pensar que, entre tanta basura digital, algún día alguien encontrará alguno de estos mensajes de amor perdidos sobre amores perdidos, a los que nunca se les dio, o nunca tuvieron, su opción.

Dime iluso, pero sí, me consuela… me consuela saber que algún día alguien abrirá esta caja perdida de mis recuerdos –vamos, mis mierdas, que recuerdos suena demasiado romántico, muchas de ellas guardadas no sé por qué–, y con una sonrisa condescendiente descubrirá todo un universo de lo que pudo ser, una matriz de infinitas realidades que se entrecruzan o divergen, tantas como gotas en la lluvia ácida, donde los únicos acontecimientos que verdaderamente ocurrieron son las lágrimas del Replicante.



the middle age crisis (or better call it Julius Caesar´s breakdown)

The “middle age crisis” is a very boring name for such an interesting phenomenon. They could make us all a favor and help us feel less vulgar and thus better by naming it something like “Julius Caesar´s breakdown”, since he may be one of the very first (to the best of my knowledge) documented cases of this syndrome. The legend says the roman leader cried before a monument to Alexander the Great located close to one of the Pillars of Hercules (now Gibraltar, in the South of the Iberian Peninsula), because at that time he was 44 years old and had achieved nothing remarkable in his life yet, while the most famous Macedonian had conquered the world and died at a much younger age (by the way, a completely natural reaction; who in his 40s would not panic after comparing himself to Alexander?).

And this leads me to the second thought I’d like to comment. Often I find myself thinking “what a boring time in history we live in, missing epic so much” or “it would be so cool to live in this or that époque” bla bla bla (see Woody Allen’s movie “Midnight in Paris”, it’s about that). Aside from the fact that it is arguable that you can build your own epic daily (winning and defending your vital space in the NYC metro in the rush hour), of course one tends to forget that it would only be cool (really cool, you know, enough to think that the time trip was worth) to live in this or that époque provided one was rich. Apparently rich people live fine or more than that no matter the time in history, exception is made for those revolutions here and there that we all know, where it is hard to keep your head attached to your thorax or you find yourself in the gulag with your toes frozen and eating mud, but, you know, I recall we term them “exceptions” for a reason.

But seriously, all the previous introductory non-sense to say that sometimes it also makes me sad to feel like there’s nothing left to discover, nothing comparable to Caesar’s or Alexander’s achievements to be the first one at (some may complain and wave before my nose the newspapers talking, for example, about the detection of the Higgs boson or gravitational waves, but I’m thinking more of discovering a new world, and colonization of other planets seems very far ahead in time nowadays). Oh, Alexander, I wish you were here and told us that parking the ass on the sofa and watching TV with a cold beer in one hand is much more exciting than trekking in Persia. But then, from a completely opposite perspective, we might be living one of the most important centuries in human history, since, like in the XXth Century, the humanity (some more than others) is again playing naïvely with the fate of the Earth and the world as we now it. If in the previous century the nuclear war was the danger never equaled before, now it is the climate change, ignored by the celebrated crazy capitalism, enslaving people, and simultaneously exhausting the Earth’s resources and polluting at an amazing rate. A great philosopher (Spiderman’s uncle, Ben) once said “With great power comes great responsibility”, and that is precisely what applies better than never to humanity in the XXth and XXIst Centuries. We now have the power to destroy the Earth and hell we’re good at destroying things, but this time there is no other place to go to and there are no second chances.


embracing crowd (2004)

viernes, 9 de agosto de 2019

haunted: a novel of stories (Chuck Palahniuk)

Pollution, overpopulation, disease, war, political corruption, sexual perversion, murder, and drug addiction… Maybe they weren’t any worse than they’d been in the past, but now we had television carping about them. A constant reminder. A culture of complaint. Of bitch, bitch, bitch… Most people would never admit it, but they’d been bitching since they were born. As soon as their head popped out into that bright delivery-room light, nothing had been right. Nothing had been as comfortable or felt so good.

Just the effort it took to keep your stupid physical body alive, just the finding food and cooking it and dishwashing, the keeping warm and bathing and sleeping, the walking and bowel movements and ingrown hairs, it was all getting to be too much work.


P.S.: Paraphrasing the great quote by Christopher McCandless, I'd say: "Complaining is not real unless shared"  ;-)




domingo, 28 de julio de 2019

oikumene - sobre los intestinos y la gloria en las guerras


En los días posteriores a la partida, durante las extenuantes jornadas a pie, se suceden largos silencios en los que Memnón a menudo se pregunta para sus adentros “¿De qué hablan un padre y un hijo que jamás han hablado? Mi vida apuesto a que ninguno de los muchachos resolvería este acertijo, y los vasos de vino sobre la mesa irían todos a mi vientre. Sólo se me ocurre –y él sólo me requiere–, de tanto en tanto, contarle mis aventuras e historias en guerras y batallas”.

El guerrero exhausto tras la batalla,
empuñando su espada de hierro.
Ésta a un costado y la punta baja,
mientras otea el paisaje desolador
que se extiende imponente a sus pies.

El manto de gramíneas
teñido de rojo se mece,
dibujando el perfil de un Sol cansado
al que no afectan sus caricias.

Los gritos de los heridos
rasgan la bruma por doquier.
Se suman y se entremezclan
en el viaje hasta sus oídos.

El tiempo se ralentiza.
Sería así la vida si hiciera parte
de un cuento de muerte sin fin.

Viendo a su padre absorto en sus pensamientos, Argelao le inquiere: – Si no es indiscreción, padre, ¿puedo saber en qué piensa?

En un primer momento, cree que no ha oído su pregunta, pero cuando está a punto de repetirla, Memnón se recompone y toma aire: – Ah, pues… recordaba el trigal tras la batalla… Un jardín rojizo de miembros amputados y hombres con las tripas asomando por profundos tajos, como muñecos deshilachados... Uno no puede evitar palparse el estómago para cerciorarse de que siguen todos ahí... – tras acabar esta última frase en un tono apenas audible, permanece pensativo unos instantes.

– ¿El qué, padre?

– Los intestinos, hijo, los intestinos... Me creerás si te digo que poco hay más perturbador que ver el propio interior salir fuera de uno mismo, y la sangre que no se acaba...

Transcurrido largo tiempo en el que Memnón prosiguió el camino completamente ausente, y mucho después que Argelao creyera concluida la conversación, el primero exhaló sonoramente: – En verdad te digo, hijo, hacer la guerra es, en su mayor parte, y sin importar cuántos lo nieguen, más tedioso que labrar las tierras. Y gloria no se encuentra en lugar alguno, sino en la mirada serena de unos pocos caídos, o, al volver victorioso, en la prosa reposada de los ausentes.

– Entre los únicos momentos de grato recuerdo, jugar a los acertijos con los más novatos, y comentar los movimientos en combate con los veteranos, siempre junto a un gran fuego y con un vaso de vino sabiamente escanciado, pero sobretodo, reencontrarse con un compañero de armas vivo y de una pieza tras la batalla.



miércoles, 24 de julio de 2019

el filósofo veloz

El pobre hombre, larguirucho pero encorvado, se parecía a su bastón. Profeta de la heterodoxia, sólo era capaz de pensar cuando estaba en movimiento rectilíneo, por lo que sus contertulios quedaban ya muy lejos cuando al fin podía detener su zancada y vocalizar sus réplicas y teorías. Así es que, por suerte o por desgracia, nunca pudo completar una discusión, por lo que nunca pudo convencer a nadie de nada, ni nadie le alzó la mano o la voz más de lo debido, salvo para gritarle que no huyese.



digo, todavía eres belleza, sueño y piedra

Digo, todavía eres belleza, sueño y piedra.
Digo, bella, que todavía eres mito translúcido,
por el que veo tu savia pendenciera,
como si fueras vaina con pulso.

Pero arrópame, mercenaria de tez fúnebre,
que arrojas tierra a los ojos de tus guerras.



guerrilla

Domingo, sobre un pez globo tuerto.
De nuevo arrugado, reseco
y a la vez empapado de alcohol,
como la menta en mi mojito.

En mi interior una guerrilla
lucha por librarse de mí.
Puedo oír el silbido de los proyectiles
y sentir como se incrustan en mi córtex.

Nos veo con 70 años sentados en un banco
(¿o es otro con el que estás?).
Bueno, lo que quiero decir
es que la escena me enternece tanto
que quiero llamarte para follar.



they are just what they are

As I got close to the coffin,
where always belonged to,
the fist, triggered by an own,
primal will, hit hard on those
wooden doors of Hell,
and I faced my demons,
since, in the end,
they are just what they are.


el pasante tibio

En vida fui pasante tibio
tentando a mis pasajes sombríos.
Sólo desdeñaba con negligencia
parcelas libres de sal y tierra.

A mis espaldas aparté de la vista,
y rogaba a mis huéspedes
que se fueran de casa
con su genio precoz de escalera.

Ya cerca del féretro,
donde no quería estar,
con mi propio puño llamé
a las puertas del infierno,
y me encaré
con mis demonios,
porque, al final,
ellos sólo son lo que son.



martes, 1 de enero de 2019

oikumene 9 - navegando hacia la tierra de los fenicios


¿Que qué es lo que más recuerdo de aquellos días? Principalmente... el aburrimiento... Un aburrimiento cansino, embrutecedor... que a duras penas lograba mitigar pescando… o con las breves partidas de dados (la marinería no disponía de mucho tiempo libre) … También mi padre… siempre en silencio, dándome la espalda… ahora escudriñando el horizonte… o con la mirada fija en la proa del gauloi [1], como si nada importase más que romper la siguiente ola...

Sí... cierto... algunas cosas buenas... El olor a sal marina... Sentir el rocío de las crestas espumosas en la cara... Alguna gaviota despistada de tanto en tanto... La oportunidad de aprender algunos rudimentos de fenicio… Me resultaba especialmente graciosa una cancioncilla que los hijos de Biblos [2] habían inventado para burlarse del Rey de Reyes:

Mengua tu trono, rey,
y no te das cuenta.

Menguan tus fieles también, rey,
a quienes tus ínfulas
cada vez más soliviantan.

Mengua tu discurso, rey,
errante y henchido de arrogancia.
Y no lo quieres ver,
mas menguas tú también,
rey menguante.

Mengua el trono tuyo, rey (inscripción en fenicio del siglo VIII a IV a.C.)


Pero, principalmente, recuerdo el aburrimiento... ¡y los estragos que hacía!… debe creerme usted, pues animaba a la mente a divagar… ¿sería que me había embarcado en esta aventura sólo para no decepcionar a mi padre? ¿Para que él no muriese solo, en un lugar perdido de Bactriana [3]… habiéndome olvidado… enfrascado en una búsqueda loca y fútil de su primogénito, su hijo predilecto? ¿De veras me había embarcado simple y llanamente por amor a mi hermano? ¿Por una voluntad sincera de encontrarlo?

Y conforme arribábamos a la tierra de los fenicios, la proa siempre a levante, estas dudas mías no amainaban, me carcomían, y minaban mi moral. Padre parecía no percatarse de nada, o, cuanto menos, eso es lo que aparentaba, los pensamientos perpetuamente nublados, la mirada siempre puesta en el mar, dándome la espalda… Impensable lograr que lo reconociese –es como intentar llevar un buey al gimnasio [4], pero, ¿se estaría arrepintiendo de haberme traído?




[1] Embarcaciones fenicias con el casco con forma ancha y redonda (la manga de estos navíos era equivalente a la cuarta parte de su eslora). Los griegos las llamaban gaulós o gauloi (bañera), a causa de la redondez de su casco, gracias a la cual tenían una amplia capacidad de carga. También había los navíos llamados hipoi, con un caballo en el mascarón de proa.
[2] Nombre con el que los griegos llamaban a la ciudad fenicia de Gebal, en el actual Líbano, que proviene de su intenso comercio de papiro, en especial, dirigido hacia Egipto.
[3] Bactriana era una provincia en los confines orientales de los dominios del Imperio Persa Aqueménida.
[4] Antiguo proverbio griego.