viernes, 23 de septiembre de 2016

la sociedad del exceso

No, no te basta con un simple teléfono móvil. Tiene que ser uno que cuesta un sueldo mínimo interprofesional. No, no corres. Eres runner. Y hasta que no consigas correr una maratón –¡qué digo, una ultra-trail!– no eres nadie. Y por supuesto, dicho hito debe quedar registrado con una app de tu móvil que ha costado un sueldo mínimo interprofesional, para poder compartirlo en Facebook con todos tus amigos, que vean lo guay que eres. ¡Qué coño con tus amigos! ¡Con todo el mundo! Y eso de ir en bici no es coger una cualquiera y dar un paseo por ahí con lo puesto. Claro que no. Tienes que tener una bici de 2000 pavos, y todos los jodidos accesorios de la tienda, un exoesqueleto y una GoPro en el casco cromado, aunque solo salgas una hora al mes. Todas esas posesiones para suplir tu vacío interior.


lunes, 19 de septiembre de 2016

la infidelidad onírica

“Desconozco si será porque los espermatozoides caducan, pero lo cierto es que, consciente o inconscientemente, voluntaria o involuntariamente, debemos tener un orgasmo cada X tiempo. Si lo tenemos gracias a una sesión de sexo, fantástico. Porque lo malo de tenerlo tras un sueño erótico es que no podemos controlar con quién tenemos sexo en el sueño. O sea que, en el hombre emparejado, tener sexo –acompañado de la pareja o consigo mismo– es una necesidad, puesto que, de lo contrario, tarde o temprano se expone a cometer una infidelidad onírica. ¿Y tú no querrías que te fuese infiel, verdad, cariño?”, dijo él, cuando ella lo cazó masturbándose en la habitación una tarde que llegó antes de lo esperado.


domingo, 11 de septiembre de 2016

el encinar oscuro y helado

Ya han pasado veinte años desde que corría a ciegas por un encinar oscuro y helado.
Ya llevo veinte años huyendo de esos muros, esos hongos y esos grafitis.
Huyendo de la promesas de la vejez y de los amigos, que son débiles y se derrumban pronto tras hacer lo que todos.
La gracia de volar un mundo para alejarse de aquéllos con los que uno quiere estar.
Ya hace veinte años de todo.
¿Es eso ser viejo? Darse cuenta de que todas las vivencias verdaderamente salvajes y excitantes que uno recuerda sucedieron veinte años atrás o más.
De cómo tu cerebro las construye y las destruye.
De cómo mueres lentamente sepultado por infinitas excusas para dejar de perseguir los sueños más tuyos.



jueves, 1 de septiembre de 2016

Posteconomía - 1

“Richer Sennett […] ha tenido el acierto de describir la crisis actual con el ajustadísimo nombre de “capital impaciente”. Esa impaciencia es debida, en parte, a la imposibilidad ideológica y física de hacer reposar el capital fluctuante sobre algún sector productivo; la dificultad de que ese capital riegue, desde las nubosas alturas del mercado financiero, el campo de la economía productiva. Un capital ansioso que tiene, además, una característica muy particular: la reflexividad. Los precios financieros actúan a partir de una función auto-reflexiva […]. Esto quiere decir que el precio de un producto se fija según las expectativas de lo que ocurrirá con él mañana, pero esta acción modifica de inmediato el presente de lo tasado. Ese cambio inicia un nuevo proceso de estimación futura y un nuevo precio según: a) lo que se cree que sucederá, y b) lo que hacen hoy algunos agentes a partir de a). Es lo que se llama reflexión de segundo grado, que no tiene nada que ver con pensarse las cosas dos veces. La reflexividad de Soros es un motor burbujero de primer orden. […] El mercado, así entendido, no distribuye ni asigna recursos de manera racional, tal y como dicen los teóricos. Bombea impulsos y tiene pálpitos según ese extraño concepto del que hablaba Federico Rampini: el momentum investing, o lo que es lo mismo, “Que para ganar en la Bolsa no era necesario perder el tiempo en el análisis de las sociedades cotizantes; era necesario intuir a tiempo sobre qué títulos se estaba abalanzando la muchedumbre, hacerse transportar por la ola, entrar en la inevitable subida”.”                                                                   Posteconomía (Antonio Baños Boncompain)