domingo, 12 de julio de 2015

en casa de Abdul - notas de Siria, besos de una tierra que se marchita

Abdul el beduino abre a sus amigos la puerta de su casa. Lo mismo hace con su corazón. Dentro, todo es igual que en una haima, salvo por las paredes sólidas y el polvoriento PC. Té. Al poco, Maher ya chatea con una novia Serbia y otra de Letonia, en sendas ventanas de Messenger. El módem de 56Kb ruge como si ardiese por dentro. Abdul, en pie tras la espalda de su primo, absorto con el ordenador, sonríe orgulloso al visitante, mientras éste observa el par de camellos que aparca en el cobertizo al otro lado del patio, en estado perpetuo de obra. Cuando el visitante le devuelve la mirada, señala unas fotos sobre el hornillo. En ellas exhibe la misma sonrisa y sostiene unos trofeos muy kitsch con forma de pezuña.



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