domingo, 12 de julio de 2015

cuando los cerdos amen

La respuesta a todas las preguntas que te asaltaron a lo largo de esta semana, “Cuando los cerdos amen”. Bah, ya me gustaría que todo fuese tan sencillo. Un mundo sin esperas ni señales, sin confusiones ni malentendidos, sin ira ni envidia, sin aristas ni curvas, sin tú ni yo, sola y llanamente perfecto... ¿Aburrido? ¿De verdad es eso lo que piensas? ¿O es lo que, a la fuerza, nos han vendido? Sin embargo, y sin llegar a ese extremo, ¿es realmente necesaria esa cadena estúpida? Yo te quiero a ti, tú le quieres a él, él quiere a ella, y ella quiere a otro bastardo. Parece una broma cruel, si no fuera tan improbable, y si no ocurriese tan a menudo. Y entre tanto... El infierno de la ineficiencia. Sí, el desorden siempre crece en el mundo, ¿pero hasta ese punto? ¿De verdad no rebasa los límites de lo perverso?

Y sé que lo nuestro está perdido cuando,
con tu retrato hecho añicos en las manos,
invoco a la justicia poética,
esa justicia arbitraria que no es de los hombres,
para castigarte.

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