miércoles, 10 de agosto de 2016

el hombre pájaro



El hombre pájaro se marchita
como tantos otros en su cubo de cristal.
Ha topado con su Gran Cañón del Colorado,
y asoma las puntas de los pies al precipicio.

No importa que nadie, salvo, quizás,
él mismo, ella, o alguna enfermedad,
le pueda quitar alas ni lugares.
Pero el mundo ni de lejos parece
tan asqueroso ya como antes.

Ambos tienen sus neurosis, obviamente,
pero cazan la mierda que les envuelve.
Y en buena hora recogieron en taquilla
sus boletos de la lotería,
buceando en esa piscina llena de fichas
que es su cama, los cuerpos desnudos.


Cara a cara, ya te dije entonces…
cara a cara, decía, digo, tú y yo,
tumbados en esa cama tuya.
No necesito más, ya estaría en casa,
y tendría, ahora sí, una razón para estar loco.



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