jueves, 11 de agosto de 2016

diálogo de diamante



En el alba y el anochecer,
el cableado de alta tensión
se proyecta en las fachadas
confiriéndoles el aspecto
de un vidrio agrietado.

En el alba y el anochecer,
las luces y reflejos de las ventanas
persiguen al tren que no debían.
Corren y esquivan esqueletos metálicos;
son los viejos hangares durmientes,
desnudos de sus pieles de aluminio.

En el alba y el anochecer,
se dilata el tiempo para los dos pasajeros
que montaron en el tren que no debían;
se dilata su diálogo de diamante,
donde el hecho de no hacer,
no decir, es ya un hecho,
un grito, una palabra.



No hay comentarios:

Publicar un comentario