sábado, 2 de enero de 2016

en el zoológico de sonrisas escayoladas

Siendo pequeño fui por piernas liberado
en un zoológico de sonrisas escayoladas.
De esas con grietas
que uno escarba con la mirada.

Me bañaba en el estanque
con niñas con tinte en las cejas,
untadas las manos de saliva,
y enloquecía con su danza volátil
entorno a las mesas ajadas de madera.

Diríase que nunca fue ágil mi mente,
que por razón entiende rapidez,
sin reconocerme ávido por sus carnes,
mientras que de los flancos afilados
brotaba incontenible la estulticia.

Ni olvido ahora los monstruos enjaulados,
besándose todos los temores,
alimentados de mi compasión,
ni los rugidos a nuestras orejas,
que las niñas tomaban a risa,
y a mí aún en el corazón hiela.


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