sábado, 2 de enero de 2016

Bestiario de Tolkien – 3 – La Grúa

En Erebor, la Grúa en tiempos lejanos fizo no menos horribles maldades que su pariente mayor, el temido Dragón, y, sin duda, ningún fidalgo deseare ver dicho engendro morando nuevamente en nuestros campos y ciudades. Si mintiere al decir eso, a Eru ruego partiese con un rayo mi gaznate, en tantos pedazos como orcos hubieren acampado a las puertas de Gondor, en el legendario asalto de la Ciudadela. Cuentan los viejos del lugar que poseía la Grúa un único colmillo, de mithril, no menos, y, siendo sólo uno, sin embargo con él causare innumerables calamidades. Así fuera el Dragón apreciador de incendios, llamas y brasas buenos, la Grúa gustábase no en tanto de diezmar carros y monturas; arrebatábalos sigilosa y vilmente con su colmillo a aquellos incautos que dejábanlos desguarnecidos en no más tiempo que el que demora un grillo en expirar, y devorábalos con tesón en su tenebrosa guarida, el Depósito, si los hacendados no quisieren pagar el cuantioso rescate. Corrompiose así, por obra y gracia suya, la sana convivencia en innumerables plazas. Allá en el ocaso de la 2ª Era, la Grúa multiplicose allende la Tierra Oscura por infausta cópula de Dragón y Urbano, guiados por la mano de Mordor, cuyo afán recaudatorio jamás conociere de límites, y durante demasiados desdichados decenios, moraron numerosos, esos engendros, asolando las vidas y tierras de muchos y muy humildes gentiles.


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