viernes, 19 de febrero de 2016

Pedro Pedersen 1 - directo al parietal

Pedro Pedersen nació a la edad de 17 años con una jarra llena de cerveza en la mano:

Final a) No. Mentira. La jarra estaba semivacía. No. Mentira. En realidad no existía tal jarra.

Final b) Se incorporó. No le gustó lo que vio a su alrededor y decidió morir. No. Mentira. Era demasiado cobarde para morir, aunque él ignoraba el significado de estas palabras, y por supuesto el de todas las demás.

Final c) Como no sabía nada, ni conocía nada, se dedicaba a sentarse sobre tramos sucesivos del bordillo de la acera, permaneciendo en cada uno por espacio de varias horas. Tomaba nota mentalmente de aquellas porciones que a su parecer eran más ergonómicas. Con el paso de los días las legañas se acumulaban en sus ojos, las monedas, en su jarra, y unos rugidos cavernarios sacudían cada vez con más fuerza sus tripas.

El primer ser que se dirigió a él, sin contar los que lo hacían para gritarle ‘aparta estúpido’ o ‘aparta subnormal’, ni tampoco los que le meaban en las piernas, fue un hombre tumbado a su lado sobre un centenar de bolsas de Mercadona. Le espetó:

-   ¡Lávate la cara con esto! Las legañas se diluyen.- alzando un tetrabrick de vino y agitándolo en el aire.

Al incorporarse, el viento le robó algunas bolsas de plástico que fueron a enredarse en las orejas de los transeúntes.

La larga cabellera del desconocido ocultaba parcialmente sus ojillos rasgados y una amplia sonrisa carcomida. Se adivinaba pelo canoso bajo la mierda. Por último, un sombrero de paja deshilachado y sus pantalones raídos, unidos a la completa ausencia de higiene corporal, le conferían el aspecto de un pariente cerdo de Tom Sawyer.

Pedro había hecho así su primer amigo, y no había necesitado barro para ello.

No hay comentarios:

Publicar un comentario