domingo, 11 de septiembre de 2016

el encinar oscuro y helado

Ya han pasado veinte años desde que corría a ciegas por un encinar oscuro y helado.
Ya llevo veinte años huyendo de esos muros, esos hongos y esos grafitis.
Huyendo de la promesas de la vejez y de los amigos, que son débiles y se derrumban pronto tras hacer lo que todos.
La gracia de volar un mundo para alejarse de aquéllos con los que uno quiere estar.
Ya hace veinte años de todo.
¿Es eso ser viejo? Darse cuenta de que todas las vivencias verdaderamente salvajes y excitantes que uno recuerda sucedieron veinte años atrás o más.
De cómo tu cerebro las construye y las destruye.
De cómo mueres lentamente sepultado por infinitas excusas para dejar de perseguir los sueños más tuyos.



No hay comentarios:

Publicar un comentario