viernes, 19 de febrero de 2016

Pedro Pedersen 2 - directo al maxilar

Ante la expectante pasividad del chico, el indigente tomó la iniciativa. Se levantó, realizó un intento de reverencia, que se quedó en aspaviento grotesco, y se presentó a si mismo como Sr. Arturo. A continuación le mostró en pocos pasos cómo limpiarse las legañas, arte que muchos y respetados adultos todavía no dominan. Tras ello inició un largo monólogo en el que trató de resumirle su periplo vital hasta el momento en que se habían conocido.

A pesar de que el lenguaje corporal del indigente se asemejaba a una sucesión de espasmos epilépticos y que su halitosis causaba en el prado el mismo efecto que los paseos de Atila, Pedro atendía a su relato con gran fascinación, algo que no resulta extraño considerando que, uno, no entendía nada y, dos, hasta entonces sólo se había relacionado con la acera.

Cuando el Sr. Arturo hubo acabado de hablar, se percató del estado aparentemente catatónico del adolescente, y cayó en la cuenta que no había sido motivado por su verborrea, sino que éste se prolongaba desde el primer instante en que lo conoció, aquél en que le había ofrecido su vino de garrafón. Eso lo perturbó.

Tras unos compases desconcertantes, abroncó a la orquesta, espantó a las moscas de sus pies y creyó dar con la explicación a su aletargado comportamiento. Los síntomas del chaval lo evidenciaban. Obviamente no podía sino tratarse de una nueva víctima de las reprobables perversiones de Michael Jackson. Un muchacho más. Otro. Traumatizado por los abusos de la estrella del pop. Vagando sin rumbo por las calles. Además, con toda seguridad –pensó el Sr. Arturo-, la vida de su nuevo compañero estaría amenazada por grupos de enloquecidos fans del músico, bebedores de líquido anticongelante, deseosos de eliminar cualquier evidencia que pudiese poner de nuevo en peligro la carrera de su ídolo.

No. El Sr. Arturo no podía dejar que esas hordas de chiflados histéricos con camisetas ceñidas, adoradores de un paramecio de piel cambiante, se saliesen con la suya. Cual Escarlata O’Hara, juró con voz audible, prietos los puños y en cinemascope que protegería al chico con su vida y que no descansaría hasta lograr que la verdad saliese a la luz pública. Los transeúntes a su vera aceleraban el paso. Las bolsas aplaudían. Lágrimas por doquier.

Acto seguido el indigente adoptó una mirada de suspicacia que –y esto es un secreto– pretendía mantener con carácter perpetuo. Además, su ceño se frunció y la joroba pareció repuntar. Señales inequívocas todas éstas de su nuevo estado de alerta, que no abandonará hasta varios parágrafos después, por agujetas en los músculos faciales y calambres en el trapecio y deltoides.
 
 
Nota: ver secuencia completa de notas sobre la breve y bizarra vida de Pedro Pedersen en el link:

Pedro Pedersen 1 - directo al parietal

Pedro Pedersen nació a la edad de 17 años con una jarra llena de cerveza en la mano:

Final a) No. Mentira. La jarra estaba semivacía. No. Mentira. En realidad no existía tal jarra.

Final b) Se incorporó. No le gustó lo que vio a su alrededor y decidió morir. No. Mentira. Era demasiado cobarde para morir, aunque él ignoraba el significado de estas palabras, y por supuesto el de todas las demás.

Final c) Como no sabía nada, ni conocía nada, se dedicaba a sentarse sobre tramos sucesivos del bordillo de la acera, permaneciendo en cada uno por espacio de varias horas. Tomaba nota mentalmente de aquellas porciones que a su parecer eran más ergonómicas. Con el paso de los días, las legañas se acumulaban en sus ojos, las monedas en su jarra, y unos rugidos cavernarios sacudían cada vez con más fuerza sus tripas.

El primer ser que se dirigió a él, sin contar los que lo hacían para gritarle ‘aparta estúpido’ o ‘aparta subnormal’, ni tampoco los que le meaban en las piernas, fue un hombre tumbado a su lado sobre un centenar de bolsas de Mercadona. Le espetó:

-   ¡Lávate la cara con esto! Las legañas se diluyen.- alzando un tetrabrick de vino y agitándolo en el aire.

Al incorporarse, el viento le robó algunas bolsas de plástico, que fueron a enredarse en las orejas de los transeúntes.

La larga cabellera del desconocido ocultaba parcialmente sus ojillos rasgados y una amplia sonrisa carcomida. Se adivinaba pelo canoso bajo la mierda. Por último, un sombrero de paja deshilachado y sus pantalones raídos, unidos a la completa ausencia de higiene corporal, le conferían el aspecto de un pariente cerdo de Tom Sawyer.
 
Pedro había hecho así su primer amigo, y no había necesitado barro para ello.
 
 
Nota: ver secuencia completa de notas sobre la breve y bizarra vida de Pedro Pedersen en el link:
 
 

oikumene 8 - el angosto paso en la tierra de los fenicios

Nota: Todas las entradas de oikumene se pueden encontrar, en orden cronológico, aquí:
 
– ¡Venid, padre, venid! ¡Mirad lo que encontré aquí en este recodo, grabado en la roca maciza!

Memnón se acerca y recorre la piedra con el índice y el pulgar, examinando con detenimiento lo que parecen antiguas inscripciones en diferentes lenguas. Sus dedos se frenan ante una escritura que le es familiar.



Entrecerrando levemente los ojos, masculla lentamente algunas palabras inaudibles para Argelao: – Nosotros guerreros alegrarnos…

Tras enderezarse, y, con un chorro de voz, como si quisiera que todos los habitantes de la cercana Sidón se enterasen, exclama: – ¡No cabe duda, entonces! ¡Éste debe de ser el angosto desfiladero del que Tisafernes una vez habló, donde muchos ejércitos quisieron dejar constancia de su paso, y agradecer al mismo tiempo a los Dioses el haberlo logrado sanos y salvos! Resulta obvio que es un lugar excelente para tender una emboscada, en la que unos pocos pueden poner en grandes apuros a una fuerza muy superior. Tal vez debiéramos hacer nosotros lo mismo, si ello place a los Dioses y reconforta también a los que en el futuro nuestros pasos deban seguir.

– ¿El qué? ¿Tender una emboscada?

– Ja, ja, ja, ja… No, hijo, no. Me refiero a grabar en el granito un mensaje de agradecimiento a los Dioses por haber logrado cruzar, sanos y salvos, el desfiladero.

oikumene 7 - Mégara, la hija del herrero

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Argelao recorría a menudo el camino de las fuentes, unas veces por placer, y otras para ir en busca de agua, cuando sus hermanas estaban en el mercado. Un día, estando cerca ya de la Fuente del Bronce, cree oír una melodía abriéndose paso entre las zarzas, que de tan preciosa solo puede tenerla por sobrenatural. “¿Será Afrodita, que me canta para transportarme al lugar más dulce?” Al doblar el último recodo del camino antes de la fuente, se le aparece de frente una muchacha de finas facciones y piel tostada con un gran cántaro en la cabeza. “¡Qué bello ser y qué bella melodía entona!”

Algo en el interior de Argelao se revuelve gritándole “¡Has nacido para contemplar este momento!”. Y, muy a su pesar, eso es todo lo que es capaz de hacer, contemplarlo; contemplar cómo ella pasa a su lado y le sonríe tímidamente, sin poder siquiera abrir la boca más que para dejar escapar un sonoro suspiro, en el camino de la Fuente del Bronce, con el Sol como una esfera roja perfectamente recortada en el horizonte, un aliento de fuego besándole el cogote.

Fantasía y fiera de tu rostro.
Tortura sin mácula de un ideal de belleza.
Parásito de mi emoción.
Mendigas la primera de tus gracias,
mi hermana que de nuestra pasión vives falta.
Lloro. ¿Qué crees? Desconoces qué recuerdo de ese amor.

domingo, 14 de febrero de 2016

holding head

holding head, Barcelona (2008)
 

latido varado

Una nota, no más, me dejaste.
¿Pueden acaso unas pocas
de tus palabras engullirme
como un mar con fuerte resaca?

Latido varado.
De quien teme preguntarse
si en la vida hizo algo
de lo que sentirse orgulloso.

Tomo aire, entrecortado,
y veo los problemas en mis venas.

elixir

Qué odioso puede llegar a ser lo que tienes que vivir...
Es un hueso, zapatos, un sucio elixir.
Tus labios, nadie nos quiere,
allí nos encontramos,
donde reside éste y el otro.


dj Paola, Burning Spring Festival, aeròdrom d'Empuriabrava, Alt Empordà, Catalunya (2019)
 

sábado, 13 de febrero de 2016

within the rock

within the rock, Barcelona (2008)
 

pile of bodies

pile of bodies, Barcelona (2008)
 

el rey menguante

Mengua tu trono, rey,
y no te das cuenta.

Menguan tus fieles también, rey,
a quienes tus ínfulas
cada vez más soliviantan.

Mengua tu discurso, rey,
errante y henchido de arrogancia.
Y no lo quieres ver,
mas menguas tú también,
rey menguante.



ruins of Biblos/G'Bail/Gebal (Greek/Arabic/Phoenician), Lebanon (2010)