martes, 10 de marzo de 2026

Técnica y totalitarismo (Jordi Pigem) - 5 - corromper la humanidad y corromper la naturaleza

El creciente uso de artilugios digitales tiene un efecto perjudicial en la empatía y en las habilidades sociales, como señala desde hace años la investigadora Jean Twenge. El uso creciente, incluso entre los más pequeños, de «asistentes de voz» (Alexa, Siri, Google Home), con el tipo de interacción robótica que implican, perturba el desarrollo cognitivo y la capacidad de establecer relaciones plenamente humanas. Sin duda, el crecimiento de las distracciones electrónicas tiene un efecto sobre la capacidad de concentrarse y de comprender. Los artilugios digitales parecen también los principales sospechosos del «efecto Flynn invertido». A finales de los años setenta del s. XX, James Flynn se dio cuenta de que, a medida que pasaban los años, mejoraban los resultados en los tests de coeficiente intelectual. Este efecto se ha constatado de muchas maneras, y parece tener que ver con una mejora de las condiciones de vida y de acceso a la cultura. Ahora bien, en los últimos veinte años se ha constatado un persistente declive en los resultados de los tests de inteligencia en los países del norte de Europa, que parece que se está extendiendo a todas partes. Este descenso es particularmente pronunciado en el número de personas enormemente inteligentes. Uno de los factores que pueden tener relación con este declive de las capacidades cognitivas es el uso excesivo de medios electrónicos, con la consiguiente disminución de la calidad de la atención y del tiempo dedicado a la lectura y a la interacción con plena presencia.

Si un enemigo de la humanidad, sigilosamente, quisiera dañar nuestra atención, concentración, empatía e inteligencia, y a la vez someternos a una continua vigilancia, ¿qué herramienta encontraría más útil que los dispositivos digitales? Si quisiera hacernos abdicar de nuestra libertad y dignidad, ¿qué le resultaría más útil que intentar convencernos de que no somos más que algoritmos? A medida que crece el poder de los sistemas de cálculo algorítmico [como Jordi PIGEM prefiere llamar a la IA], crece su capacidad de aparentar inteligencia, de aparentar creatividad (pueden generar música que en una primera audición aparenta ser de Bach –pero la música verdadera de Bach, cuanto más la escuchas, más la aprecias, mientras que las imitaciones artificiales cuanto más las escuchas, más te aburren) e incluso de aparentar conciencia. Todo ello son solo imitaciones, apariencias.

El peligro es que realmente acabemos creyendo que los algoritmos de las grandes empresas tecnológicas nos conocen mejor que nosotros y saben mejor que nosotros lo que hemos de hacer. Si lo acabáramos creyendo, se apagaría la luz de la iniciativa humana. Así, el juego de apariencias del cálculo algorítmico desertiza el mundo interior y el mundo exterior. Al-Khwarizmi no tiene la culpa, pero los algoritmos nos llevan ahora a corromper la humanidad y corromper la naturaleza. CORROMPER LA HUMANIDAD Y CORROMPER LA NATURALEZA podría ser el lema de muchas tendencias crecientes. «El mundo cambia, y todo lo que un día era seguro, ahora resulta incierto», dice el rey Théoden, en El Señor de los Anillos. (…)

La apuesta por el conocimiento basado en desmenuzar el mundo en sus partes más pequeñas (no las hay; el mundo está hecho de relaciones), reducirlo todo a cifras (o dígitos) y especializar ilimitadamente el conocimiento –la apuesta del método de Descartes–, es una apuesta perdida. Nos lleva a un mundo sin sentido, inhóspito para la vida y la conciencia, en el que solo encajan los mecanismos inertes, un mundo en el que los seres humanos dejan de ser libres y dignos para acabar como simples “algoritmos obsoletos” o “instrumentos para crear el internet-de-todas-las-cosas”. El anillo intangible nos conduce a los espejismos transhumanistas y al totalismo tecnocrático.

Técnica y totalitarismo – Digitalización, deshumanización y los anillos del poder global. Jordi PIGEM (2026), 1ª ed., Fragmenta Edición, Barcelona, Spain, 2023, pp. 186
 
 
Ministère Mines, Pétroles et Energies, Deux Plateaux, Abidjan, Côte d'Ivoire (2017)
 

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