martes, 15 de noviembre de 2016

Posteconomía - 2



“En un mundo finito, creer en el crecimiento sólo puede ser obra de un loco o un economista.” 
                                                                     Posteconomía (Antonio Baños Boncompain)

“La economía es una ciencia que avanza desde el conocimiento al control.” 
                                                                     Posteconomía (Antonio Baños Boncompain)

“Yves Smith […] advierte: “Los economistas han terminado alcanzando una posición que resulta peligrosa para cualquier democracia. Mediante la utilización que hacen de procedimientos paracientíficos, han conseguido una autoridad que a menudo resulta injustificada” Como ocurre con cualquier religión, la voz del sacerdote convierte la enunciación en verdad […]. La opinión de una autoridad económica, por el hecho mismo de serlo, deviene en realidad. Si el gobernador del Banco Central Europeo opina que no deberían subir los tipos de interés, el mercado actuará como si la frase describiese la realidad futura. Pero más allá de las profecías autocumplidas que nutren el discurso oficial/sacerdotal, la economía ha entrado en una función superior: la función de acotar lo posible.”
                                                                     Posteconomía (Antonio Baños Boncompain)

“No puede existir ningún fenómeno, ninguna actividad humana sin un modelo de negocio que la haga inteligible. Las acciones humanas que no incorporan rentabilidad en sí mismas se convierten en invisibles […]. En el caso de la generosidad, la compasión o la misericordia, ha sido necesario un cambio de nombre (solidaridad) y un modelo de negocios adscrito (ONG) para hacerlas identificables y valorables […].
Eso es la economía prescriptiva, obligatoria. No tiene ya otra función que la de marcar lo que es expresable y lo que no, lo que es útil o valioso. Como toda teología, nos impone un lenguaje que sirve precisamente para excluir de la mente lo que no entra en el canon. Otro ejemplo es el concepto de calidad de vida. En el titánico y evangélico esfuerzo de dotar de valor y transaccionalidad a todo acto vital, la propia vida ha sido sujeta al dogma. La vida antes […] tenía una duración a la que asignábamos una valoración hecha […] en términos morales: buena vida, mala vida. Pero eso es hoy ininteligible. Hay que moverse entre cantidades. Hay que poner en valor. Por eso la vida tiene ahora calidad.
Y hoy tenemos mucha o poca calidad de vida. Por supuesto, la mucha/poca calidad, a diferencia de la buena/mala vida, se puede comprar. Hay una serie de instrumentos: liftings, apartamentos, coches, ventiladores, etc., que nos ayudan a ponerle precio.
Valga estos ejemplos para explicar cómo el relato económico ha superado su función no sólo académica o política, sino cultural para convertirse en una imposición totalizadora. Nadie puede vivir fuera de los conceptos económicos ni pensar o hablar sin sus categorías.”
                                                                     Posteconomía (Antonio Baños Boncompain)

                                                                     

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