domingo, 25 de octubre de 2026

otra jornada insalubre

El asiento no es muy cómodo, y las ideas se me han secado. Nada invita al optimismo. Pero aquí estoy. Uno de esos días de mierda que no son más que una larga espera. En los que no ocurre nada reseñable. Absolutamente nada. Nada que me pueda permitir distinguirlo en el futuro. Otro más. Que se fusiona en esa argamasa informe e impersonal, alcanzando ya a estas alturas dimensiones equiparables a las de la Estrella de la Muerte. Otro más al saco, y ya está. Eso es todo lo que hay que contar. Por eso no vale la pena que te llame. Mejor tararear con la mirada perdida en el infinito, como si allí fuese a vislumbrar una tierra remota, salvaje e inexplorada. El anuncio de un nuevo amanecer. El cambio de armario que se ha quedado a medias. Ni siquiera eso he podido completar. Y así se quedará el resto de la semana, esperando otra jornada insalubre como la que ahora me ocupa. Cositas por aquí. Cositas por allá. Que parece que haces mucho y no haces nada al mismo tiempo. Divagar. Pero no con el pensamiento, sino con múltiples acciones. Miles. Divagar escribiendo [lo siento, lector, que no te llevo a ningún lado].

La hormiguita, mientras tanto, muta en la cigarra que solo aguarda el momento de abrirse una lata de birra. Después ya todo será cuesta abajo. Una bola de nieve que decrece al rodar por la pendiente. Una bola que decrece a medida que desciende hacia el cabezal de la cama, que aún huele a tus cremitas de noche. Ciertamente, la vida sin ti es más triste. Medito sobre ello mientras me enfundo la camiseta vieja de los Toy Dolls que hace las veces de pijama, y me preparo a clicar el botón de Netflix en la barra de favoritos. El mismo botón que simultáneamente apaga mis neuronas. «Buenas noches», les digo, bien arropaditas que están, con unas décimas de alcohol en vena.


escultura de banderillero, Barcelona, Catalunya (2011)
 

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