lunes, 8 de junio de 2020

oikumene 15 - la tumba de Eixmunazar - 2

Nota: Ver antes "oikumene 13 - la tumba de Eixmunazar - 1"
https://joseirojas.blogspot.com/2020/05/oikumene-13-la-tumba-de-ashmunazar-1.html

La maldición labrada en el sarcófago de Eixmunazar sin duda les ha trastornado. Y en estas oyen unos extraños ruidos procedentes del fondo de la tumba. Algo que no pueden ver parece arrastrarse por el suelo. Será el daimón que custodia el túmulo de su protegido, se dice Argelao, atemorizado, que ha dejado de respirar y mantiene inútilmente los ojos abiertos de par en par.

Memnón avanza lentamente basculando con la antorcha de un lado a otro tratando de descubrir qué o quién está con ellos en esa densa oscuridad. Es entonces cuando nota con sumo terror que le rozan el gemelo. Instintivamente se hace a un lado de un salto, profiriendo un grito desgarrador hacia abajo, como si quisiera transferir su espanto a eso que le ha tocado, al tiempo que baja la antorcha a sus pies. Durante un breve instante, cree ver unas pequeñas piernecitas sobresaliendo de una túnica raída que se escurren en la negrura rápidamente, gateando en dirección a la salida. Entonces, dando un par de grandes zancadas, Memnón logra agarrar por el pescuezo lo que a fin de cuentas no parece ser más que un simple ladronzuelo… o, mejor dicho, para sorpresa de ambos, ladronzuela, como pueden comprobar por sus delicadas facciones, en cuanto Memnón la alza en el aire, ella sin dejar de patalear.

* * *

Una vez saciada su hambre, lleno el estómago con gachas calientes que Argelao ha preparado, la raterilla les explica que hace semanas que se esconde en el sepulcro huyendo de su hogar en una aldea cercana de nombre impronunciable, puesto que sus padres tenían intención de venderla a un comerciante local sin muchos escrúpulos, que con toda seguridad la hubiera subastado a la primera de cambio en el mercado de esclavos de Tiro.

La niña, que responde al nombre de Tsapor, les explica cariacontecida que la tumba está maldita como lo está su existencia, y Memnón, para animarla y convencerla que esto no es así, que ella tiene las riendas de su existencia sin importar lo que digan las Pitias de Delfos o el hilo que le tengan preparado las Moiras, le cuenta una vieja historia sobre unos valientes hoplitas que, cansados tras años de guerra, muerte y desolación, se atrevieron a hacer un último viaje hasta el mismísimo Hades, desafiando a todos los peligros y fuerzas del destino, para exigir a los Dioses que les devolviesen a sus compañeros caídos. La canción decía así, narrada en primera persona por Lisímaco, capitán de la intrépida tropa (*):

Heme llegado ante vos, a las puertas del Hades,
blandiendo esta mellada hoja de hierro.
Los que tras de mí ves, son mis compañeros;
buscando venimos a los que lo fueron,
y a su vez nos dan caza, todavía ensangrentados,
los que a manos nuestras perecieron.
Juntos llamaremos a las puertas del infierno,
y, alzando sobre los yelmos fatigadas espadas,
y los vasos de vino escanciado
por Cídipe en sus blancos vestidos,
gritaremos ¡devolvednos a la tierra todo
lo que, oh Dioses, nos fue arrebatado,
o nuestra furia el mundo dejará yermo,
pues la vida es solo un largo día de invierno,
y nos hemos quedado sin montañas que escalar!

La historia, cantada con tal vehemencia por ese hombre mayor, devuelve el ánimo a la chica, que ya se atreve a esbozar una tímida sonrisa, con la que ilumina la estancia. La mañana avanza deprisa, y, puesto que el día es propicio, deciden reemprender la marcha, invitando a Tsapor a recorrer la jornada con ellos, si es que así lo desea, y no quiere morar eternamente junto al tal Eixmunazar, Rey de Gebal. Argelao, justo antes de salir del túmulo, recoge de entre la ruina del suelo y se lleva consigo de recuerdo una bella gema similar a una esmeralda.



(*) Sugerencia para el lector: se recomienda leer la canción con la siguiente música de fondo:
https://www.youtube.com/watch?v=DD65K4VR6Lw


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