El hombre que gesticulaba como un calamar
disfrutaba de la pausa entre sus actuaciones regalándose un Cubalibre
con mucha lima en la escalera de su caravana. Exhalaba mirando hacia las
estrellas en ese prematuro oscuro de la noche. Nunca olvida cerrar las
argollas que le anclan al suelo.
Recordaba
que alguien le comentó, en una recepción la semana anterior, que
apreciaba un cambio positivo en él, que se veía que se expresaba con
mayor naturalidad y que estaba más cómodo en el trato con las
personas. El hombre que gesticulaba como un calamar
pensó en aquel momento «Sí, ahora mientras hablo mi cabeza ya no da
giros de 360 grados para radiar las palabras omnidireccionalmente».
Entonces, sólo pudo emitir como respuesta una risa incómoda. Difícil
decir si lo fue más para sí mismo o para su interlocutor. En cualquier
caso, ambos se excusaron y se fueron a por otro trago.
Lo que le preocupaba más, sin embargo, no era el comentario en sí, sino
el hecho que el Director del Circo había pasado junto a ellos en ese
momento, y a ese lagarto no se le escapaba nada. Probablemente, en las
actuaciones anteriores, ya le había estado observando desde su puesto
tras el telón para ver si seguía siendo un freak digno de sus
espectáculos.
Le inquietaba la posibilidad de que le despidiese. Y pensaba también que
eso le parecería muy injusto, ya que sólo cuando se limitase a gritar
más que los demás, para que se le oyese en una conversación, se podría
decir que había aterrizado en la normalidad. Es más, estaba seguro de
que disponía de una gran variedad de recursos para parecer más raro que
nadie (sobre todo si se comparaba con otros integrantes del Circo, con
un repertorio mucho más reducido, como por ejemplo el odioso hombre
ensaladera). Esto le enciende y grita al cielo «¡Es culpa de este Circo de provincias el que yo no pueda desarrollar todo mi potencial!». En ese momento nota como las argollas estrangulan sus tobillos,
y se percata de que hace rato que no siente la goma labrada de los
escalones en su trasero. Una vez más, la brisa intentaba llevárselo
volando.
Al cabo de un rato, el chico que se ocupa del attrezzo le advierte de la inminencia de la segunda parte de su número y tira de sus cadenas para devolverlo al suelo.
la noche que el hombre que gesticulaba como un calamar temió ser despedido del Circo de los Freaks (2026)

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