Una pareja de la Policía Nacional acude a una casa en la que presuntamente ha habido un allanamiento de morada, según alertan los vecinos. Los indicios que hallan al reconocer los alrededores parecen confirmar dicha hipótesis, pues la cerradura de la ventana corredera que da a una terraza muestra signos de haber sido forzada. Un policía se adentra en la vivienda seguido de su compañero, ambos con la mano sobre su arma reglamentaria. Una tenue luz se cuela por los costados de una puerta mal ajustada al fondo de un corredor, que van recorriendo poco a poco y con máximo sigilo. El agente que va delante se detiene junto a la puerta, y el que va detrás le rebasa para ponerse al otro lado de la misma. Cruzan sus miradas y, a la señal de uno, el otro abre la puerta rápidamente. Su cara de sorpresa es mayúscula al toparse con una mujer de cincuenta y tantos desnuda (que, en realidad, es la dueña de la casa, pero esto el policía aún no lo sabe), que da un respingo sobresaltada, al tiempo que emite un agudo gritito “¡Estoy desnuda!”, mientras intenta taparse las partes pudendas, y se gira sobre sí misma, para irse dando saltitos por otro pasillo, con las nalgas gelatinosas vibrando y danzando acompasadamente arriba y abajo. Pasa junto a un baño cuya puerta está cerrada, pero en su interior se intuye una presencia, y algo de luz escapa por la rendija inferior. El policía que entró en primer lugar empieza a aullar, ordenando a quien quiera que esté ahí que salga con las manos y las armas en alto. El hombre dentro del baño (que, en realidad, es el marido y el dueño otro de la casa, pero esto el policía aún no lo sabe) dice que no puede, y el policía vuelve a gritar las mismas órdenes, pero ahora aún con más fuerza. Entonces, la puerta empieza a abrirse lentamente, y lo primero que asoma es un pene erecto, al cual le sigue un hombre de cincuenta y tantos desnudo, sosteniendo un blíster al que le faltan dos Viagras.
viernes, 26 de junio de 2026
jueves, 25 de junio de 2026
adolescencia
Adolescencia es una chica de 14 años, toda de negro de arriba a abajo, encapsulada como una contorsionista china en el marco de la ventana por el lado de ésta que da a la calle. ¿Que la han dejado confinada sin derecho a salir? Da igual. Se sienta en esa marquesina, técnicamente fuera de su habitación, y, por tanto, fuera de casa. Gana ella. Y si cae y se mata, gana ella también, pues tanto más pesará el castigo en la consciencia de sus padres, la imagen así de su hija echa papilla en el soportal, de esas que uno no logra borrar fácilmente de la memoria.
Entretanto, lanza miradas furibundas y desafiantes a los curiosos que, extrañados por la escena que se les presenta –la chica colgada de la fachada–, la miran de soslayo mientras pasean a pie o en bicicleta por el sendero ecológico –aunque nadie se alerta creyendo que se quiera suicidar, porque está en una primera planta, una altura ridícula, si ciertamente ese es su propósito–. Y musita enfurruñada para sus adentros “¿¡Qué pasa, viejos de mierda!? ¿¡Qué coño os importa lo que yo haga!? ¡No os enteráis de una puta mierda! ¡Seguid sudando vuestros gordos culos con vuestras bicis de mil pavos y esas ropas ridículas y dejad de mirar para aquí!” mientras en los AirPods de su iPhone de mil pavos siguen sonando sus queridos Black Sabbath.
“¡Qué pesada, barriga! ¡Deja de rugir! ¡Hazte a la idea que no habrá comida hasta que no nos levanten el castigo!” Tiene hambre. Toda la casa huele a croquetas. Su pequeña rebeldía esta pronta a concluir. Toda la casa huele a croquetas. Y eso es muy difícil de resistir. Peor que la Batalla de Stalingrado. Mucho peor.
Piensa que ya les devolverá la jugarreta a sus padres cuando alcance los 18, que no se puede reprimir, aprisionar, y coartar así a una mente libre y jovial, a un vivaz pajarito –una urraca, más bien. “¡Jah! ¡Ya veréis! ¡Os vais a enterar de lo que vale un peine!” Pero lo único bueno de alcanzar la mayoría de edad es que sí, efectivamente, que durante un tiempo se tienen la flexibilidad y el dinero para viajar y hacer lo que se quiera, pero es un muy breve lapso, que pronto las obligaciones se ocupan de enterrar bajo una tonelada de lodo y estiércol, con sonrisa sardónica. Así que mejor corre a la cocina y disfruta sin ambages de las croquetas de tu madre mientras puedas.
Nota: entradas relacionadas con la juventud y la vejez: https://joseirojas.blogspot.com/2024/08/entradas-relacionadas-con-juventud-yo.html
Sonar Dia, Barcelona (2006)
miércoles, 24 de junio de 2026
eres divorciable
(20 años después)
Eres divorciable.
Siempre lo fuiste.
Las neuronas diezmadas,
abandonados en la salita
de un despacho en medio del Eixample.
Digo esto bajo un hilo musical atroz
–nada que ver con el technazo de los Monegros–,
en el que me tiene torturado en espera
la secretaria de tu despreciable abogado.
Junto a ti, encapotado el vacío,
un llanto cuando amanece.
Es nuestro profundo sueño,
ese en el que temo a todo.
Y me levanto para descubrir
que nada ha cambiado,
que somos parias malcriados,
pero tú eres divorciable,
y siempre lo serás.
Eres divorciable.
Siempre lo fuiste.
Las neuronas diezmadas,
abandonados en la salita
de un despacho en medio del Eixample.
Digo esto bajo un hilo musical atroz
–nada que ver con el technazo de los Monegros–,
en el que me tiene torturado en espera
la secretaria de tu despreciable abogado.
Junto a ti, encapotado el vacío,
un llanto cuando amanece.
Es nuestro profundo sueño,
ese en el que temo a todo.
Y me levanto para descubrir
que nada ha cambiado,
que somos parias malcriados,
pero tú eres divorciable,
y siempre lo serás.
Niv Arzi, from Red Axes, rehearsing with the Ivorian band Yakomin, in Cocody, Abidjan, Côte d'Ivoire (2017)
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