Carta de despedida del periodista Carlos Hernández, que ha fallecido a los 56 años por cáncer. Dejó dicho que se publicase el día después de su muerte. Creo que debería leerse en los colegios y, por supuesto, en todas las facultades de periodismo.
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Querido lector, querida lectora.
Te confieso que, por primera vez desde que soy periodista, desearía que no estuvieras leyendo mi artículo. Estoy seguro de que entiendes el motivo: si lo estás haciendo es que ya no ando por este mundo… ni por ningún otro. Me he muerto. ¡Joder!, qué fuerte resulta escribir esto, pero es así. Me he muerto y no quiero marcharme sin despedirme y compartir unas últimas reflexiones con vosotr@s.
He sido una persona muy afortunada. Lo fui desde que nací, porque lo hice en un país europeo que, aunque aún estaba sometido al yugo franquista, muy pronto comenzó a progresar económica, social y políticamente hasta convertirse en una nación del primer mundo. El azar y solo el azar hizo que mi destino fuera infinitamente más cómodo y fácil que el de cientos de millones de niños y niñas que ven la primera luz en regiones azotadas por el hambre, la pobreza y la guerra. En este momento tan duro por el que estoy pasando, creo que no tengo derecho a quejarme ni a lamentarme. ¿Cómo voy a victimizarme conociendo estas desigualdades e injusticias históricas? ¿Cómo puedo lamentar mi suerte viendo lo que está ocurriendo, ahora mismo, en África, Afganistán, Ucrania, Yemen, Irán o Gaza? Gaza, Cisjordania… Palestina… No te lo puedo asegurar porque no sé qué ocurrirá, pero creo que mi último pensamiento, la última imagen que pasará por mi cerebro antes de apagarse será la de los niños masacrados en Gaza y la de los palestinos supervivientes afrontando un terrible futuro. Lo que sí sé es que me iré sin comprender las razones por las que la comunidad internacional ha decidido permanecer impasible mientras Israel perpetra un genocidio delante de sus narices… transmitido en directo, minuto a minuto, masacre a masacre.
He sido una persona muy afortunada porque mis padres y mi hermano me educaron para ser libre y tener una mentalidad crítica. Crecer en una familia humilde, en un barrio obrero de Madrid, me inculcó unos valores que me marcaron para siempre. Unos valores que se vieron mejorados y reforzados gracias a la personalidad, fortaleza, inteligencia y bondad de mi eterna compañera de vida. Decidí ser periodista porque realmente creía que informando con rigor y honestidad se podía mejorar este mundo. Lo creía y lo sigo creyendo. Soy consciente de que en mi carrera profesional he cometido errores, he tragado con algunas cosas (creo que pocas) que debería haber rechazado y que no he sido, ni mucho menos, un periodista perfecto. Pese a ello, miro hacia atrás y lo que veo no me disgusta. Puedo decir que nunca, nunca he mentido ni he manipulado ni he ocultado información. Siempre que he informado, ya fuera desde Madrid, Bilbao, Sevilla, Kabul, Jerusalén o Bagdad, he intentado ser crítico con el poder, he intentado contar lo que pasaba y he intentado dar voz a quienes no la tenían. Voz a las víctimas, crítica para los verdugos. Sin equidistancias. Sin ambigüedades. Por ello, estoy especialmente orgulloso de no haber ascendido todo lo que habría podido ascender e incluso de haber sido despedido por intentar ser fiel a mis principios. De veteranos colegas de profesión aprendí las, que yo considero, dos máximas del periodismo:
1.- Objetividad no es sinónimo de neutralidad. Contar la realidad con objetividad te obliga, casi siempre, a no ser neutral. Si hay un agresor y un agredido, un mentiroso y un honesto, un corrupto y un honrado, tu misión es describir esa situación con claridad y contundencia. Harto estoy de quienes creen que ser periodista es contar, sin filtros, la versión de ambas partes, sin plantearse la veracidad de las mismas o, lo que es peor y más frecuente, sabiendo que una de ellas es incierta.
2.- Para ser buen periodista es imprescindible ser una buena persona.
Yo siempre añado una tercera máxima. El periodismo no es una profesión más. De nuestro trabajo depende que la sociedad pueda ejercer su derecho a estar bien informada. De nuestro trabajo, aunque no solo de él, depende la libertad, la igualdad y la democracia. Por eso no caben excusas para mentir u ocultar. En caso de hacerlo se nos deberían exigir responsabilidades profesionales e incluso penales. Deberíamos ser como los jueces (léase “cómo deberían ser los jueces”), a los que se les puede imputar y castigar por prevaricación, pero, para ello, también tendríamos que tener unas condiciones de estabilidad y dignidad laboral acordes a nuestra responsabilidad. En cualquier caso y por muy precaria que sea su situación, aquí va mi último consejo a mis colegas, especialmente a los más jóvenes: no toleréis la manipulación, no os autocensuréis, no os refugiéis bajo la excusa del miedo a perder el trabajo… luchad el enfoque de cada noticia. Sed objetivos, no neutrales. Sed buenos periodistas siendo buenas personas. Son muchos los periodistas que actúan así, contra viento y marea. Tengo el privilegio de que algunos de ellos y de ellas sean, además, amigos. A todos y todas os mando un enorme abrazo y, sobre todo, os doy las gracias por ser como sois. No cambiéis nunca. Merece la pena. Al resto, a los mercenarios de la información, solo os lanzo dos preguntas: ¿Os compensa el dinero y/o la fama que ganáis a cambio del daño que provocáis? ¿Podéis dormir tranquilos después de hacer lo que hacéis? Nunca es tarde para hacer lo correcto.
He sido afortunado porque he conocido la política desde dentro y desde fuera. He visto miserias, egos desorbitados y sectarismo, pero también grandeza. Si algo aprendí en mi vida es que ¡no!, no todos los políticos son iguales. Hay hombres y mujeres que, realmente, creen que su misión es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas que les votaron y que no les votaron. Para ellos, estar en política no es ningún chollo: estar expuesto permanentemente al foco mediático, a los insultos, al escrutinio de cada uno de sus actos, al acoso a sus familias… Casi todos podrían ganar más dinero en la empresa privada sin tener que soportar ese desorbitado precio personal que les supone el cargo.
Es obvio que hay también otros políticos, demasiados, movidos por intereses mucho más espurios como la corrupción y el ansia infinita de poder. Hay que luchar contra ellos, cambiar innumerables cosas y mejorar todo el sistema, pero hay que hacerlo desde la propia política. Hay que hacerlo desde la política porque todo en la vida es política o está condicionado por ella. Cuidado, por tanto, con quienes arremeten contra ella, contra los partidos, los sindicatos y la democracia. La alternativa a la democracia es la dictadura, aunque la bauticen con cualquier atractivo eufemismo. La alternativa a los partidos y a los sindicatos es el partido único y el sindicato vertical. Hay mucho, muchísimo que mejorar, pero el camino no es el que nos muestra la extrema derecha mundial.
He sido afortunado por dedicar la última etapa de mi vida profesional a investigar y difundir la historia reciente de nuestro país. Conocer a supervivientes de los campos de concentración nazis y de los campos de concentración franquistas, así como a sus familiares, ha sido uno de los mejores regalos que me ha dado la vida. Las víctimas del nazismo y de otras dictaduras no dejaron de repetir que el fascismo no había muerto, que seguía agazapado esperando el momento de resurgir. Por eso era, es y será tan importante conocer la Historia. Mirar atrás es la mejor forma de afrontar el presente, no repetir errores y estar preparado para las amenazas futuras. Mirar atrás te demuestra que la libertad, la vida y la democracia nunca están garantizadas y, por tanto, debemos luchar, cada día, por preservarlas. De alguna manera, ese convencimiento es el que me llevó a escribir la que será mi única novela. En ella intento advertir de lo que se os viene encima si no lo remediáis. Aunque se publicó recientemente, la pensé y redacté cuando Trump aún no había ganado las elecciones y yo creía tener una larga vida por delante. Repasándola ahora, me suena a testamento del que no tocaría ni una coma. Por favor, por vuestro bien, creed a Anne Watts.
Termino ya. Una persona joven, muy querida, que era consciente de que su final podía llegar en cualquier momento, me dijo: “La vida es un privilegio”. Entonces no supe valorar sus palabras. Querido lector, lectora: exprime la vida, sé feliz, valora lo que de verdad importa, huye de lo tóxico y practica la empatía… mucha empatía.
Me voy dando las gracias a todo el personal de la sanidad pública española que personifico en la que ha sido mi oncóloga hasta el final, una persona admirable y una profesional inmensa, la doctora Verónica Calderero. Gracias a todos y todas por el trato y la atención exquisita que me habéis dado. Me concedisteis una prórroga que he aprovechado al máximo. Gracias también a los científicos que trabajan para mejorar y alargar nuestra existencia. Gracias, en general, a lo que llamamos “lo público”. La sanidad, la educación y el resto de servicios públicos marcan la diferencia entre una sociedad justa e igualitaria y una masa de individuos gobernados por la ley de la selva.
Me gustaría concluir este artículo diciendo que voy a reunirme con José Couso, con Ricardo Ortega, con Mayka, con Jesús Martín, con Ramón Lobo, con Belén Miguel, con Paloma y con tantos amigos, amigas y familiares que he perdido en estos años. Me gustaría decirlo, pero no creo en ningún dios. Mientras escribo estas últimas líneas soy consciente de que solo tengo por delante un fundido a negro. Un fundido a negro que, paradójicamente, es el que le da sentido a nuestra existencia.
Os deseo lo mejor y disfrutad porque, sí, la vida es un enorme privilegio.
Jose I. Rojas - Tu universo en una pecera
domingo, 22 de febrero de 2026
carta de despedida del periodista Carlos Hernández
artículo "El canalla como ideal: por qué el neoliberalismo premia al que desprecia"
artículo "El canalla como ideal: por qué el neoliberalismo premia al que desprecia"
Vivimos en una sociedad donde ser una buena persona no cotiza. Es sospechoso. Es “blandito”. Y el algoritmo, como el mercado, penaliza la ternura y recompensa la puñalada. ¿Para qué cuidar si puedes destacar? ¿Para qué empatizar si puedes pisar? Esa es la lógica que ha convertido el canallismo —esa mezcla de cinismo, egoísmo y crueldad sonriente— en una identidad aspiracional.
La bondad no vende. La ternura no viraliza. El sistema necesita antagonismo, ruido, conflicto. Porque si nos organizáramos desde el cuidado, si entendiésemos que nuestras vidas están entrelazadas, entonces empezaríamos a cuestionarlo todo: desde los sueldos de miseria hasta los algoritmos que deciden lo que vemos, lo que deseamos, lo que odiamos. Por eso el canalla no es una anomalía: es el ciudadano modelo del neoliberalismo. Agresivo, competitivo, narcisista. Perfectamente adaptado al desastre.
Lo grave no es que haya gente así. Lo grave es que les aplauden. Les votan. Les dan platós, micrófonos, editoriales. Les celebran como si fueran valientes, cuando en realidad no son más que cobardes con traje y community manager.
EDUCACIÓN PARA PISAR, INFLUENCERS DE LA CRUELDAD Y LIBERTAD SIN ÉTICA
Desde pequeños nos enseñan que hay que destacar. Ser los mejores. Brillar. Competir. Ganar. Y claro, en un mundo así, cuidar al de al lado no sirve para nada. Al contrario: te retrasa. Te hace débil. Así que aprendemos a mirar hacia otro lado, a justificar lo injustificable, a normalizar el dolor ajeno. Se educa para ascender, no para convivir. Y así, el canalla no solo sobrevive: prospera.
No es casual que los grandes referentes de la derecha contemporánea —Trump, Milei, Ayuso, Bolsonaro— sean modelos perfectos del canalla sin vergüenza. Han demostrado que se puede mentir, insultar, robar y seguir ganando. Porque si algo ha enseñado el poder en los últimos años es que ser mala persona sale gratis. A veces incluso da beneficios.
Y ahora, además, está de moda. No hay más que abrir TikTok. La crueldad se monetiza. La empatía, no. Hay influencers cuya marca personal consiste en burlarse de quien sufre, humillar al diferente, reírse del feminismo, del ecologismo, de los derechos humanos. Convertir en chiste lo que debería ser un escándalo. Y lo peor no es que lo hagan. Lo peor es que funcionan.
Lo llaman libertad de expresión. Pero no es libertad: es impunidad. No es personalidad: es violencia performativa. No es sinceridad: es brutalidad con aplausos. La nueva derecha emocional ha conseguido una cosa muy peligrosa: transformar la falta de ética en autenticidad. Y así, el canalla ya no se esconde. Se exhibe. Se enorgullece. Y se reproduce.
SER BUENA PERSONA ES SUBVERSIVO. Y LO SABEN
En este contexto, ser buena persona se ha vuelto revolucionario. Es ir a contracorriente. Es elegir la solidaridad en un mundo que premia la competencia. Es frenar un comentario machista en una comida familiar. Es no compartir el vídeo que humilla a alguien. Es poner el cuerpo cuando insultan a una compañera. Es decir que no a la deshumanización aunque lo digan los más seguidos, los más votados, los más influyentes.
La bondad es hoy un gesto de disidencia. Porque va contra todo lo que este sistema celebra.
Y por eso hay tanto empeño en ridiculizarla. Porque saben que si dejáramos de competir para empezar a cuidarnos, su mundo se vendría abajo. Porque no habría espacio para el fascismo si la empatía fuese hegemónica. Porque no podrían sostenerse los abusos si todas y todos nos atreviéramos a nombrarlos.
La pregunta es sencilla: ¿quieres ser el que levanta o el que pisa? El que suma o el que desprecia. El que cuida o el que escupe. Porque esa decisión no es solo personal: es política. Y urgente.
No necesitamos más canallas con megáfono. Necesitamos a quien, en medio del barro, elige no ensuciarse el alma.
viernes, 20 de febrero de 2026
El silbido del arquero (Irene Vallejo) - 5 - los seres efímeros saborean todas las delicias
"El silbido del arquero", Irene Vallejo, Ed. Contraseña, S.C., 1ª ed., Zaragoza, 2015, pp. 197
jueves, 19 de febrero de 2026
reforma laboral ultraliberal de Milei en Argentina
miércoles, 18 de febrero de 2026
El silbido del arquero (Irene Vallejo) - 4 - los cantos permanecen
"El silbido del arquero", Irene Vallejo, Ed. Contraseña, S.C., 1ª ed., Zaragoza, 2015, pp. 208
sábado, 14 de febrero de 2026
el premio mayor a la ignorancia - un texto de Michel Miguel
Texto de Michel Miguel, sacado de facebook:
viernes, 13 de febrero de 2026
me parto con lo de Negreira
Parto de la base, primero, por supuesto, de que preocuparse por una estupidez como el fútbol es, valga la redundancia, estúpido. Pero entre eso, y que te tomen el pelo personas de un equipo como el Real Madrid, que obviamente es un conglomerado de poder absoluto (solo hay que ver a su Presidente y el palco un día cualquiera, y ver cómo llevamos año y medio en que les pitan un penalty a favor casi cada partido, si no hay aún más decisiones a favor suyo), pues eso ya sí que jode, y me refiero a la tontería del caso Negreira y las supuestas ligas ganadas por el Barça por favores arbitrales, cuando en realidad es más bien al contrario, y existe una buena cantidad de casos documentados de ligas perdidas por decisiones arbitrales, casos admitidos en algunos casos por los propios árbitros (ver link).
Pero bueno, la prueba irrefutable de que Negreira nunca pintó nada, y mucho menos en los éxitos del Barça de Guardiola, es que el Barça fue, en la liga 2009-10, el equipo al que menos penalties a favor le pitaron –¡solo 3, cuando el Real Madrid lleva más de 20 este año!–, y en la liga anterior y la posterior fue de los que menos penalties a favor le pitaron –¡solo 5!–, cuando era de largo el equipo que más rato pasaba con la pelota controlada dentro del área del equipo contrario. Este argumento que hace ya mucho tiempo rondaba mi cabeza, me lo confirmó justamente un madrista, que defendía este año que la enorme cantidad de penalties a favor que les pitaban era normal, puesto que el Real Madrid es un equipo muy ofensivo y que pisaba mucho el área rival.
Los equipos grandes ganan las ligas gracias a muchos partidos que, jugando mal, ganan. Si un equipo grande juega un mal partido y le estafan un gol, o le regalan un gol, las posibilidades de que acabe perdiendo o ganando son infinitamente superiores. Pensar que el Real Madrid de los poderosos de España es un pobre equipillo al que los árbitros están maltratando injustamente es tan ríduclo, infantil y fuera de toda lógica que en lugar de dar pena es casi hasta entrañable.
martes, 10 de febrero de 2026
oikumene - nombres de los antiguos imperios de Oriente Medio
A continuación, se listan algunos ejemplos de nombres persas (el imperio persa fue muy basto, englobando varias y muy diversas culturas, por ello la lista intenta distinguir según naciones) y de otros antiguos imperios de Oriente Medio:
· Nombres masculinos persas: Abisares, Abrócomas, Ambhi, Amintas, Arbaces, Ariamenes, Arieo, Arsicas, Artabano (rey arsácida de los partos), Artabazo, Artabazos, Artafernes, Artajerjes, Artapates, Artaxias, Astis, Bagoas, Barsaentes, Bessos, Cambises, Ciro, Darío, Datis, Escílax, Eudamo, Farnabazo, Farnabazos, Farnaques, Gaumata, Glus, Gorrias, Hidarnes, Jerjes, Konon, Lygdamis, Mardonio, Mausolos, Megafernes, Mitrídates, Orontas, Ostanes, Oxatres, Oxiartes, Pateglas, Pigres, Pisutnes, Poro, Poros, Sapor, Siénesis, Tamos, Taxiles, Tisafernes, Titraustes, etc.
· Nombres femeninos persas: Ashtart, Astarté, Artemisa, Artemisia, Barsine, Epiaxa, Estatira (hija de Darío III, con la que se casó Alejandro Magno), Parisátide, y Roxana.
· Nombres masculinos acadios: Sin (dios de la Luna), y Shamash (dios Sol).
· Nombres masculinos asirios: Adad-Nirari, Adasi, Asaradón o Asarhaddón, Asharid-Apal-Ekur, Asurbanipal (Aššurbanipal), Assur-Bel-Kala, Assur-Dan, Assur-etli-Ilani, Assur-Nadin-Apli, Asurnasirpal, Assur-Nirari, Asur-Ubalit, Eriba Adad, Erishum, Salmanasar, Sargón, Senaquerib, Shamshi Adad, Sin-šar-iškun o Sin-Shar-Ishkun, Tiglat-Pileser, Tudiya, Tukulti-Ninurta, y Tukulti-Ninurtal.
· Nombres femeninos asirios: Naqia, Naqia-Zakutu, Samuramat, Semiramis, y Zakutu.
· Nombres masculinos babilonios: Ammurapi, Dumuzi (semidiós y héroe de Uruk, más tarde conocido como Tammuz), Hammurabi, Ilabrat, Kulla, Kusag, Nabopolasar, Nabucodonosor (Nabû-kudurru-usur), Nannak, Nannar (dios de la Luna), Papsukkal, Rammān, Sargón, Salmanasar, Shamash, Shmash, Sin, Sin Muballit, Tammuz, y Utu (dios Sol).
· Nombres femeninos babilonios: Beletseri, Ishtar, Ninshubur, y Ningal (la Gran Dama, la Luna).
· Nombres masculinos asirios, elamitas, sirios y babilonios: Aquila, Ananel, Anás, Antipas; Dimas, Dothain, Engidu, Gamaliel, Gilgamesh, Gistas, Grifás, Humshat, Ibbi-Ilabrat, Jairo, Kanith, Leví, Macraén, Malcho, Malcus; Neftalí, Phiabi, Pinjás, Semes, y Yehoúsa.
· Nombres femeninos asirios, elamitas, sirios y babilonios: Shumarasu.
· Nombres masculinos hititas: Suppiluliuma.
· Nombres masculinos medos: Cyaxares, y Umakištar.
· Nombres femeninos medos: Amytis (hija del hijo de Cyaxares).
· Nombres masculinos sumerios: Apsu, Atram-Hasis, Enki, Enlil-bani, y Lugalzaggisi.
· Nombres femeninos sumerios: Annunitum, Inana, Ninni, y Puabi.
· Nombres masculinos libios y númidas: Bitias, Boetos, Filopátor, Formión, Gilimat, Gya, Manetho, Masinissa, Mished, Muttines, Naravas, Oreibasio, Parisátide, Sifax, Tafur, Thoas, y Yarbas.
· Nombres femeninos libios y númidas: Elisa, Matón, Tsuniro, y Tushtinit.



