miércoles, 22 de abril de 2026

el profeta (Khalil Gibran) - 1 - de las casas

Se adelantó un albañil y dijo: «Háblanos de las casas».

Y él respondió:

«Levantad con vuestra imaginación una enramada en la selva, mejor que construir una casa dentro de las murallas de la ciudad.

Porque aunque en vuestro ocaso sintáis deseos de hogar, de igual manera ese otro yo vagabundo que en vosotros habita anhelará siempre la lejanía y la soledad.

Vuestro cuerpo es vuestra mayor morada.

Crece bajo el sol y duerme en la quietud de la noche. Y sueña. ¿No sueña acaso vuestra morada?

¿No abandona soñando la ciudad para buscar el bosquecillo o la cima de la colina?

¡Ay, si yo pudiera juntar vuestras moradas en mi mano y, como hace el sembrador, desparramarlas por bosques y praderas!

Querría que los valles fueran vuestras avenidas, y los verdes caminos vuestras callejuelas, para que pudierais buscaros unos a otros por los viñedos y luego volvierais con la fragancia de la tierra prendida a vuestras ropas.

Pero aún no es la hora de que esto suceda.

En su miedo vuestros antepasados os pusieron demasiado cerca unos de otros. Ese miedo todavía ha de durar. Durante cierto tiempo aún las murallas de vuestra ciudad separarán vuestros hogares de vuestros campos.

Y decidme, pueblo de Orfalis, ¿qué tenéis en esas casas? ¿Qué guardáis tras puertas y candados?

¿Tenéis paz, el ánimo sereno que revela vuestro poder?

¿Tenéis recuerdos que como lucientes arcos unan las cimas de la mente?

¿Tenéis la belleza, que lleva el corazón desde las cosas hechas en madera y piedra hasta la montaña sagrada?

Decidme: ¿tenéis eso en vuestras casas?

¿O solamente comodidades, y ansia de comodidad que a escondidas penetra en la casa como advenedizo y luego se convierte en invitado y finalmente en amo y señor?

Y ¡ay!, llega a ser el domador, y con látigo y garfio hace marionetas de vuestros mayores deseos. Sus manos son de seda, mas su corazón de hierro.

Arrolla vuestro sueño, mas solo para colocarse junto a vuestro lecho y escarnecer la dignidad de la carne.

Se burla de vuestros sentidos para tirarlos luego en el cardal como si fueran frágiles barquillas.

En verdad os digo que la concupiscencia de comodidad mata la pasión del alma, y luego acompaña entre muecas y risas al funeral.

Mas vosotros, criaturas del espacio, vosotros, los inquietos en el descanso, no seréis atrapados ni domados.

Vuestra casa no será ancla, sino mástil.

No será la cinta brillante que cubre la herida, sino el párpado que protege la pupila.

No plegaréis las alas para cruzar las puertas, ni inclinaréis vuestra cabeza para no golpearla contra el techo, ni temeréis respirar por miedo a que las paredes se agrieten y derrumben.

No habitaréis tumbas hechas por los muertos para los vivos.

Y aunque vuestra casa sea magnífica y espléndida, no aprisionará vuestro secreto ni encerrará vuestros anhelos.

Porque lo que en vosotros es infinito, habita en la casa del cielo, cuya puerta es la niebla de la mañana y cuyas ventanas son los cantos y los silencios de las noches.»

                                                                         "Sobre las Casas" de El Profeta, por Khalil Gibran

 

Athens, Attica, Greece (2026)
 

domingo, 19 de abril de 2026

proverbios y cantares (Antonio Machado) - 1

Sobre la limpia arena, en el tartesio llano
por donde acaba España y sigue el mar,
hay dos hombres que apoyan la cabeza en la mano;
uno duerme, y el otro parece meditar.
El uno, en la mañana de tibia primavera,
junto a la mar tranquila,
ha puesto entre sus ojos y el mar que reverbera,
los párpados, que borran el mar en la pupila.
Y se ha dormido, y sueña con el pastor Proteo,
que sabe los rebaños del marino guardar;
y sueña que le llaman las hijas de Nereo,
y ha oído a los caballos de Poseidón hablar.
El otro mira al agua. Su pensamiento flota:
hijo del mar, navega —o se pone a volar—.
Su pensamiento tiene un vuelo de gaviota,
que ha visto un pez de plata en el agua saltar.
Y piensa: «Es esta vida una ilusión marina
de un pescador que un día ya no puede pescar».
El soñador ha visto que el mar se le ilumina,
y sueña que es la muerte una ilusión del mar. 

Proverbios y cantares (Antonio Machado)

 

 
Acropolis, Athens, Attica, Greece (2026)
 

lunes, 23 de marzo de 2026

Técnica y totalitarismo (Jordi Pigem) - 7 - ¿quiénes somos?

¿Quiénes somos? Nos toca estudiar lo que somos y liberarnos del peor anillo de poder —el anillo intangible, que se instala en nuestra conciencia para intentar convencernos de que el cálculo es la esencia de la mente y de que el control y la competición son la esencia de la vida. El anillo intangible que aísla la mente de la vida empezó a forjarse siglos atrás, como señala Hannah Arendt en su clásico estudio del totalitarismo:

 

«La propaganda totalitaria elevó la cientificidad ideológica y su técnica […] a un alto nivel de eficiencia de método y absurdidad de contenido […] El carácter científico de la propaganda de masas se ha empleado, de hecho, de manera tan universal en la política moderna que se ha interpretado como un signo más general de aquella obsesión por la ciencia que ha caracterizado al mundo occidental desde el auge de las matemáticas y la física en el s. XVI; así, el totalitarismo se revela como la última etapa de un proceso durante el cual “la ciencia [se ha convertido en] un ídolo que curará mágicamente todos los males de la existencia y transformará la naturaleza del hombre”. Y hubo, en realidad, un vínculo inicial entre el carácter científico y el surgimiento de las masas.»

 

La apuesta por el conocimiento basado en desmenuzar el mundo en sus partes más pequeñas (no las hay: el mundo está hecho de relaciones), reducirlo todo a cifras (o dígitos) y especializar ilimitadamente el conocimiento —la apuesta del método de Descartes—, es una apuesta perdida. Nos lleva a un mundo sin sentido, inhóspito para la vida y la conciencia, en el que solo encajan los mecanismos inertes, un mundo en que los seres humanos dejan de ser libres y dignos para acabar como simples «algoritmos obsoletos» e «instrumentos para crear el Internet-de-Todas-las-Cosas». El anillo intangible nos conduce a los espejismos transhumanistas y al totalismo tecnocrático.

 

En las reflexiones reunidas bajo el título Science and Humanism (Ciencia y Humanismo), el físico Erwin Schrödinger, después de señalar que encuentra «extremadamente dudoso» que «los desarrollos tecnológicos e industriales nos lleven a una vida mejor», y después de elogiar una novela de Huxley que acababa de publicarse, Ape and essence (Mono y esencia), 1948, se plantea cuál es el valor de la especialización de las disciplinas científicas. El eminente científico afirma que, por sí solas, las disciplinas científicas no tienen ningún valor. Las diferentes disciplinas de la ciencia y de las humanidades solo tienen valor cuando pueden integrarse de manera coherente y ponerse al servicio de la gran cuestión, que:

 

«se puede describir de un modo muy simple: obedecer al imperativo de la deidad de Delfos: 'conócete a ti mismo'. O, por decirlo con la retórica concreta e imperativa de Plotino (Enéadas, 6.4.11): "Nosotros, sin embargo —¿quiénes somos, sin embargo, nosotros?". Y prosigue: “Tal vez ya estábamos ahí antes de que esta creación empezase a existir, […] mente y almas puras unidas al conjunto del universo, partes del mundo inteligible, no separadas ni aisladas, sino en unión con el todo.”

 

En otro texto de las Enéadas (2.3.7), Plotino escribe que en el universo hay, a cada momento, «una sola respiración conjunta» (σύμπνοια μία, sympnoia mia). Todo forma parte del mismo aliento vital. El griego πνεῦμα (pneûma, de donde deriva sym-pnoia) significa a la vez respiración, aliento, viento y espíritu (en lenguas antiguas e indígenas, no hay todavía separación entre lo tangible y lo intangible, entre lo material y lo inmaterial). ¿Cómo se conjuga el hecho de que somos seres únicos e irrepetibles y a la vez somos parte de una sola respiración, de un solo espíritu o —dicho de manera más moderna—, de una sola conciencia? Para entenderlo, tenemos que aprender a distinguir sin separar. ¿Son las mentes como olas del billar, siempre aisladas, o son como olas de un solo océano de conciencia? Cada ola es única, pero es a la vez parte del océano. Somos seres únicos, y a la vez participantes en algo más grande.»

 

En Mind and Matter (Mente y Materia), Schrödinger concluye que la multiplicidad de las mentes individuales solo es aparente, porque son manifestaciones de una sola conciencia: «La mente es por su propia naturaleza un singulare tantum. Debería decir: el número total de las mentes es solo una.»

 

Pero las mentes hoy, casi siempre, se sienten separadas, y buscan la unidad no en la conciencia y en lo más elevado sino en lo más bajo: la fusión con la masa, la autocosificación, la creencia en que no son más que algoritmos bioquímicos (la confusión que difunde Harari y conviene a la tecnocracia). La mente humana, al sentirse separada, genera pesadillas colectivas. Y el poder tecnocrático las amplifica.

 

El anillo de poder ha sido forjado en la conciencia. Es, de hecho, una forma de inconsciencia. Aquí, en el ámbito de la conciencia, de las percepciones y decisiones más íntimas, en el campo de batalla de la interioridad, es donde, momento a momento, podemos deshacer el anillo de poder y abrazar la vida.

 

Y aquí todo el mundo cuenta. Tolkien (que se consideraba un hobbit “en todo menos en estatura”, por ejemplo por su amor por los “jardines, los árboles y los campos agrícolas no mecanizados”) explica que puso en el centro de El Señor de los Anillos a los pequeños y bondadosos hobbits como «estudio del ennoblecimiento (o santificación) de los humildes». Porque el verdadero héroe siempre es alguien que no ambiciona serlo. En la carta a Waldman antes citada, dice que ha querido ejemplificar, de la manera más clara posible:

 

«el papel que, en los grandes asuntos del mundo, tienen los actos imprevistos e imprevisibles de la voluntad, y las gestas virtuosas de los aparentemente pequeños, modestos y olvidados […]. Una lección del conjunto de la obra (además del simbolismo primario del Anillo, como voluntad de puro poder que quiere materializarse a través de la fuerza física y del mecanismo, y, por lo tanto también, inevitablemente, a través de mentiras) es obvia: sin lo noble y elevado, lo simples y vulgar es sórdido; y sin lo simple y ordinario, lo noble y heroico no tiene sentido.»

 

Otra lección importante de El Señor de los Anillos es que el mal se daña a sí mismo. Gollum, arrastrado por el egoísmo más perverso, se acaba destruyendo a sí mismo y por ello el paso final para destruir el anillo. En diversas cartas a su hijo Christopher, Tolkien reflexiona sobre la dinámica de autodestrucción del mal.

Técnica y totalitarismo – Digitalización, deshumanización y los anillos del poder global. Jordi PIGEM (2026), 1ª ed., Fragmenta Edición, Barcelona, Spain, 2023, pp. 186
 
 
monastery of Glendalough, County Wicklow, Ireland (2010)