domingo, 19 de abril de 2026

proverbios y cantares (Antonio Machado) - 1

Sobre la limpia arena, en el tartesio llano
por donde acaba España y sigue el mar,
hay dos hombres que apoyan la cabeza en la mano;
uno duerme, y el otro parece meditar.
El uno, en la mañana de tibia primavera,
junto a la mar tranquila,
ha puesto entre sus ojos y el mar que reverbera,
los párpados, que borran el mar en la pupila.
Y se ha dormido, y sueña con el pastor Proteo,
que sabe los rebaños del marino guardar;
y sueña que le llaman las hijas de Nereo,
y ha oído a los caballos de Poseidón hablar.
El otro mira al agua. Su pensamiento flota:
hijo del mar, navega —o se pone a volar—.
Su pensamiento tiene un vuelo de gaviota,
que ha visto un pez de plata en el agua saltar.
Y piensa: «Es esta vida una ilusión marina
de un pescador que un día ya no puede pescar».
El soñador ha visto que el mar se le ilumina,
y sueña que es la muerte una ilusión del mar. 

Proverbios y cantares (Antonio Machado)

 

 
Acropolis, Athens, Attica, Greece (2026)
 

lunes, 23 de marzo de 2026

Técnica y totalitarismo (Jordi Pigem) - 7 - ¿quiénes somos?

¿Quiénes somos? Nos toca estudiar lo que somos y liberarnos del peor anillo de poder —el anillo intangible, que se instala en nuestra conciencia para intentar convencernos de que el cálculo es la esencia de la mente y de que el control y la competición son la esencia de la vida. El anillo intangible que aísla la mente de la vida empezó a forjarse siglos atrás, como señala Hannah Arendt en su clásico estudio del totalitarismo:

 

«La propaganda totalitaria elevó la cientificidad ideológica y su técnica […] a un alto nivel de eficiencia de método y absurdidad de contenido […] El carácter científico de la propaganda de masas se ha empleado, de hecho, de manera tan universal en la política moderna que se ha interpretado como un signo más general de aquella obsesión por la ciencia que ha caracterizado al mundo occidental desde el auge de las matemáticas y la física en el s. XVI; así, el totalitarismo se revela como la última etapa de un proceso durante el cual “la ciencia [se ha convertido en] un ídolo que curará mágicamente todos los males de la existencia y transformará la naturaleza del hombre”. Y hubo, en realidad, un vínculo inicial entre el carácter científico y el surgimiento de las masas.»

 

La apuesta por el conocimiento basado en desmenuzar el mundo en sus partes más pequeñas (no las hay: el mundo está hecho de relaciones), reducirlo todo a cifras (o dígitos) y especializar ilimitadamente el conocimiento —la apuesta del método de Descartes—, es una apuesta perdida. Nos lleva a un mundo sin sentido, inhóspito para la vida y la conciencia, en el que solo encajan los mecanismos inertes, un mundo en que los seres humanos dejan de ser libres y dignos para acabar como simples «algoritmos obsoletos» e «instrumentos para crear el Internet-de-Todas-las-Cosas». El anillo intangible nos conduce a los espejismos transhumanistas y al totalismo tecnocrático.

 

En las reflexiones reunidas bajo el título Science and Humanism (Ciencia y Humanismo), el físico Erwin Schrödinger, después de señalar que encuentra «extremadamente dudoso» que «los desarrollos tecnológicos e industriales nos lleven a una vida mejor», y después de elogiar una novela de Huxley que acababa de publicarse, Ape and essence (Mono y esencia), 1948, se plantea cuál es el valor de la especialización de las disciplinas científicas. El eminente científico afirma que, por sí solas, las disciplinas científicas no tienen ningún valor. Las diferentes disciplinas de la ciencia y de las humanidades solo tienen valor cuando pueden integrarse de manera coherente y ponerse al servicio de la gran cuestión, que:

 

«se puede describir de un modo muy simple: obedecer al imperativo de la deidad de Delfos: 'conócete a ti mismo'. O, por decirlo con la retórica concreta e imperativa de Plotino (Enéadas, 6.4.11): "Nosotros, sin embargo —¿quiénes somos, sin embargo, nosotros?". Y prosigue: “Tal vez ya estábamos ahí antes de que esta creación empezase a existir, […] mente y almas puras unidas al conjunto del universo, partes del mundo inteligible, no separadas ni aisladas, sino en unión con el todo.”

 

En otro texto de las Enéadas (2.3.7), Plotino escribe que en el universo hay, a cada momento, «una sola respiración conjunta» (σύμπνοια μία, sympnoia mia). Todo forma parte del mismo aliento vital. El griego πνεῦμα (pneûma, de donde deriva sym-pnoia) significa a la vez respiración, aliento, viento y espíritu (en lenguas antiguas e indígenas, no hay todavía separación entre lo tangible y lo intangible, entre lo material y lo inmaterial). ¿Cómo se conjuga el hecho de que somos seres únicos e irrepetibles y a la vez somos parte de una sola respiración, de un solo espíritu o —dicho de manera más moderna—, de una sola conciencia? Para entenderlo, tenemos que aprender a distinguir sin separar. ¿Son las mentes como olas del billar, siempre aisladas, o son como olas de un solo océano de conciencia? Cada ola es única, pero es a la vez parte del océano. Somos seres únicos, y a la vez participantes en algo más grande.»

 

En Mind and Matter (Mente y Materia), Schrödinger concluye que la multiplicidad de las mentes individuales solo es aparente, porque son manifestaciones de una sola conciencia: «La mente es por su propia naturaleza un singulare tantum. Debería decir: el número total de las mentes es solo una.»

 

Pero las mentes hoy, casi siempre, se sienten separadas, y buscan la unidad no en la conciencia y en lo más elevado sino en lo más bajo: la fusión con la masa, la autocosificación, la creencia en que no son más que algoritmos bioquímicos (la confusión que difunde Harari y conviene a la tecnocracia). La mente humana, al sentirse separada, genera pesadillas colectivas. Y el poder tecnocrático las amplifica.

 

El anillo de poder ha sido forjado en la conciencia. Es, de hecho, una forma de inconsciencia. Aquí, en el ámbito de la conciencia, de las percepciones y decisiones más íntimas, en el campo de batalla de la interioridad, es donde, momento a momento, podemos deshacer el anillo de poder y abrazar la vida.

 

Y aquí todo el mundo cuenta. Tolkien (que se consideraba un hobbit “en todo menos en estatura”, por ejemplo por su amor por los “jardines, los árboles y los campos agrícolas no mecanizados”) explica que puso en el centro de El Señor de los Anillos a los pequeños y bondadosos hobbits como «estudio del ennoblecimiento (o santificación) de los humildes». Porque el verdadero héroe siempre es alguien que no ambiciona serlo. En la carta a Waldman antes citada, dice que ha querido ejemplificar, de la manera más clara posible:

 

«el papel que, en los grandes asuntos del mundo, tienen los actos imprevistos e imprevisibles de la voluntad, y las gestas virtuosas de los aparentemente pequeños, modestos y olvidados […]. Una lección del conjunto de la obra (además del simbolismo primario del Anillo, como voluntad de puro poder que quiere materializarse a través de la fuerza física y del mecanismo, y, por lo tanto también, inevitablemente, a través de mentiras) es obvia: sin lo noble y elevado, lo simples y vulgar es sórdido; y sin lo simple y ordinario, lo noble y heroico no tiene sentido.»

 

Otra lección importante de El Señor de los Anillos es que el mal se daña a sí mismo. Gollum, arrastrado por el egoísmo más perverso, se acaba destruyendo a sí mismo y por ello el paso final para destruir el anillo. En diversas cartas a su hijo Christopher, Tolkien reflexiona sobre la dinámica de autodestrucción del mal.

Técnica y totalitarismo – Digitalización, deshumanización y los anillos del poder global. Jordi PIGEM (2026), 1ª ed., Fragmenta Edición, Barcelona, Spain, 2023, pp. 186
 
 
monastery of Glendalough, County Wicklow, Ireland (2010)
 

martes, 10 de marzo de 2026

Técnica y totalitarismo (Jordi Pigem) - 5 - corromper la humanidad y corromper la naturaleza

El creciente uso de artilugios digitales tiene un efecto perjudicial en la empatía y en las habilidades sociales, como señala (...) la investigadora Jean Twenge. El uso creciente, incluso entre los más pequeños, de «asistentes de voz» (Alexa, Siri, Google Home), con el tipo de interacción robótica que implican, perturba el desarrollo cognitivo y la capacidad de establecer relaciones plenamente humanas. 
 
Sin duda, el crecimiento de las distracciones electrónicas tiene un efecto sobre la capacidad de concentrarse y de comprender. Los artilugios digitales parecen también los principales sospechosos del efecto Flynn invertido. A finales de los años setenta del s. XX, James Flynn se dio cuenta de que, a medida que pasaban los años, mejoraban los resultados en los tests de coeficiente intelectual. Este efecto se ha constatado de muchas maneras, y parece tener que ver con una mejora de las condiciones de vida y de acceso a la cultura. Ahora bien, en los últimos veinte años se ha constatado un persistente declive en los resultados de los tests de inteligencia en los países del norte de Europa, que parece que se está extendiendo a todas partes. Este descenso es particularmente pronunciado en el número de personas enormemente inteligentes. Uno de los factores que pueden tener relación con este declive de las capacidades cognitivas es el uso excesivo de medios electrónicos, con la consiguiente disminución de la calidad de la atención y del tiempo dedicado a la lectura y a la interacción con plena presencia.

Si un enemigo de la humanidad, sigilosamente, quisiera dañar nuestra atención, concentración, empatía e inteligencia, y a la vez someternos a una continua vigilancia, ¿qué herramienta encontraría más útil que los dispositivos digitales? Si quisiera hacernos abdicar de nuestra libertad y dignidad, ¿qué le resultaría más útil que intentar convencernos de que no somos más que algoritmos?
 
A medida que crece el poder de los sistemas de cálculo algorítmico [como Jordi PIGEM prefiere llamar a la IA], crece su capacidad de aparentar inteligencia, de aparentar creatividad (pueden generar música que en una primera audición aparenta ser de Bach –pero la música verdadera de Bach, cuanto más la escuchas, más la aprecias, mientras que las imitaciones artificiales cuanto más las escuchas, más te aburren) e incluso de aparentar conciencia. Todo ello son solo imitaciones, apariencias.

El peligro es que realmente acabemos creyendo que los algoritmos de las grandes empresas tecnológicas nos conocen mejor que nosotros y saben mejor que nosotros lo que hemos de hacer. Si lo acabáramos creyendo, se apagaría la luz de la iniciativa humana. Así, el juego de apariencias del cálculo algorítmico desertiza el mundo interior y el mundo exterior. Al-Khwarizmi no tiene la culpa, pero los algoritmos nos llevan ahora a corromper la humanidad y corromper la naturaleza.
 
CORROMPER LA HUMANIDAD Y CORROMPER LA NATURALEZA podría ser el lema de muchas tendencias crecientes. «El mundo cambia, y todo lo que un día era seguro, ahora resulta incierto», dice el rey Théoden, en El Señor de los Anillos (…)

La apuesta por el conocimiento basado en desmenuzar el mundo en sus partes más pequeñas (no las hay; el mundo está hecho de relaciones), reducirlo todo a cifras (o dígitos) y especializar ilimitadamente el conocimiento –la apuesta del método de Descartes–, es una apuesta perdida. Nos lleva a un mundo sin sentido, inhóspito para la vida y la conciencia, en el que solo encajan los mecanismos inertes, un mundo en el que los seres humanos dejan de ser libres y dignos para acabar como simples “algoritmos obsoletos” o “instrumentos para crear el internet-de-todas-las-cosas”. El anillo intangible nos conduce a los espejismos transhumanistas y al totalismo tecnocrático.

Técnica y totalitarismo – Digitalización, deshumanización y los anillos del poder global. Jordi PIGEM (2026), 1ª ed., Fragmenta Edición, Barcelona, Spain, 2023, pp. 186
 
 
Ministère Mines, Pétroles et Energies, Deux Plateaux, Abidjan, Côte d'Ivoire (2017)