Adolescencia es una chica de 14 años, toda de negro de arriba a abajo, encapsulada como una contorsionista china en el marco de la ventana por el lado de ésta que da a la calle. ¿Que la han dejado confinada sin derecho a salir? Da igual. Se sienta en esa marquesina, técnicamente fuera de su habitación, y, por tanto, fuera de casa. Gana ella. Y si cae y se mata, gana ella también, pues tanto más pesará el castigo en la consciencia de sus padres, la imagen así de su hija echa papilla en el soportal, de esas que uno no logra borrar fácilmente de la memoria.
Entretanto, lanza miradas furibundas y desafiantes a los curiosos que, extrañados por la escena que se les presenta –la chica colgada de la fachada–, la miran de soslayo mientras pasean a pie o en bicicleta por el sendero ecológico –aunque nadie se alerta creyendo que se quiera suicidar, porque está en una primera planta, una altura ridícula, si ciertamente ese es su propósito–. Y musita enfurruñada para sus adentros “¿¡Qué pasa, viejos de mierda!? ¿¡Qué coño os importa lo que yo haga!? ¡No os enteráis de una puta mierda! ¡Seguid sudando vuestros gordos culos con vuestras bicis de mil pavos y esas ropas ridículas y dejad de mirar para aquí!” mientras en los AirPods de su iPhone de mil pavos siguen sonando sus queridos Black Sabbath.
“¡Qué pesada, barriga! ¡Deja de rugir! ¡Hazte a la idea que no habrá comida hasta que no nos levanten el castigo!” Tiene hambre. Toda la casa huele a croquetas. Su pequeña rebeldía esta pronta a concluir. Toda la casa huele a croquetas. Y eso es muy difícil de resistir. Peor que la Batalla de Stalingrado. Mucho peor.
Piensa que ya les devolverá la jugarreta a sus padres cuando alcance los 18, que no se puede reprimir, aprisionar, y coartar así a una mente libre y jovial, a un vivaz pajarito –una urraca, más bien. “¡Jah! ¡Ya veréis! ¡Os vais a enterar de lo que vale un peine!” Pero lo único bueno de alcanzar la mayoría de edad es que sí, efectivamente, que durante un tiempo se tienen la flexibilidad y el dinero para viajar y hacer lo que se quiera, pero es un muy breve lapso, que pronto las obligaciones se ocupan de enterrar bajo una tonelada de lodo y estiércol, con sonrisa sardónica. Así que mejor corre a la cocina y disfruta sin ambages de las croquetas de tu madre mientras puedas.
Nota: entradas relacionadas con la juventud y la vejez: https://joseirojas.blogspot.com/2024/08/entradas-relacionadas-con-juventud-yo.html
Sonar Dia, Barcelona (2006)
No hay comentarios:
Publicar un comentario