La digitalización de la salud es un gran negocio para el tecnocapitalismo, pero comporta pérdida de puestos de trabajo para los profesionales sanitarios y pérdida de contacto humano para los pacientes. Los buenos médicos no tratan enfermedades, tratan personas. El hecho de que un buen médico te pueda escuchar con plena atención desde el conocimiento, la empatía y la fortaleza, aunque sea en silencio, ya es en sí mismo terapéutico. Es cierto que hay casos típicos en que un algoritmo puede diagnosticar rápidamente una enfermedad, pero en multitud de casos complejos nada supera la experiencia y la profundidad de observación de un buen médico, como muestra Jerome Groopman en How Doctors Think (‘Cómo piensan los médicos’). En los años cincuenta del s. XX, en las conferencias y escritos recogidos en La práctica médica en la era tecnológica, ya Karl Jaspers advertía de que el médico se estaba convirtiendo simplemente en un técnico, y los seres humanos, en engranajes deuna maquinaria. Seis décadas después, en 2015, Harari, auguraba que “si empiezas hoy a estudiar medicina con la expectativa de ser todavía un médico de familia dentro de veinte años, quizá te lo tendrías que replantear”, porque los sistemas digitales, según él, hacia 2035 habrán desplazado a la gran mayoría de los profesionales de la salud. El horizonte último es que cuando tengas un problema de salud, teclees qué te ocurre… y te responda no un médico sino un algoritmo. El documento “Estrategia de salud digital” del Ministerio de Sanidad, antes mencionado, anuncia la “transformación digital” de la sanidad en el periodo 2021-2026. Incluye aplicaciones previsibles (como la recogida sistemática de datos de los ciudadanos y la llamada “colaboración público-privada”, que desvía recursos económicos de la sanidad pública a entidades privadas), pero sorprende que también promueva la incorporación del “internet de las cosas” y de la “realidad virtual, aumentada y mixta”. ¿Acaso tendremos que ir a curarnos al «metaverso»?
Lo que necesita la atención sanitaria no son robots, internet de las cosas y realidad virtual, sino profesionales los liberados de la presión del reloj, de los recortes y de la codicia de la industria farmacéutica y tecnológica. Porque cuando se dedican más recursos a la tecnología, se dedican menos a lo verdaderamente humano. Sabemos que lo calidad del trato humano que recibe un paciente es decisiva. Un estudio sobre la población de Noruega, publicado en 2022, concluye que el hecho de tener un mismo médico de confianza a lo largo de los años hace que disminuyan muy significativamente las visitas a los servicios médicos, los ingresos de urgencias y la mortalidad.
En el penúltimo capítulo de El Señor de los Anillos (…), Frodo, Sam, Merry y Pippen vuelven a la Comarca y se encuentran que está siendo arrasada por un proceso de transformación industrial liderado por Saruman, el sirviente de la oscuridad, disfrazado (como hoy es habitual) de heraldo del progreso. El resultado, como dice uno de los hobbits, es que “si quieren convertir la Comarca en un desierto, ya van por buen camino”.

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