miércoles, 25 de febrero de 2026

Técnica y totalitarismo (Jordi Pigem) - 1 - se expande la máquina

Un cuarto de siglo después de haber salido de Buchenwald, el peligro que Lusseyran consideraba más grave eran las amenazas que se ciernen sobre nuestro espacio interior, a consecuencia de la sociedad de masas (y sus medios, como la radio y la televisión) y de la ideología materialista («estamos muy mal armados contra la invasión de las computaciones, de la materia, de la abstracción», afirmaba). Veía en marcha un intento de «expulsar al yo, expulsarlo para siempre, para que no vuelva» y lo describía como «una guerra contra el yo, la más peligrosa de todas las guerras». Como Erich Fromm (…), Lusseyran constataba que, a la vez que se contrae el yo, se expande la máquina. Ahora estamos, escribía: “acercándonos cada vez más al simple objeto, a la máquina. [...] Eso no sería tan grave si los hombres no fueran más que máquinas. Pero resulta que son una cosa muy diferente, porque tienen un yo”.

La psiquiatría contemporánea confirma que hay una psicopatología creciente asociada con la «pérdida del yo» (en inglés loss of self, loss of ipseity) o, lo que viene a ser lo mismo, «pérdida de la presencia». En un caso extremo, una persona con esquizofrenia puede declarar que «No soy capaz de sentirme de ninguna manera». El psiquiatra Giovanni Stanghellini señala que «la persona con esquizofrenia experimenta una sensación concreta de pérdida de presencia». (…) el riesgo de padecer esquizofrenia y otras psicopatologías es el doble en zonas urbanizadas (altamente tecnificadas, donde predomina lo abstracto y artificial) que en zonas rurales (donde es posible un mayor contacto con la tierra y el cielo). Como escribe el también psiquiatra Iain McGilchrist en (…) The matter with things ('Lo que ocurre con las cosas', 2022), crece la incidencia de trastornos «en los que el sentido de la propia identidad queda debilitado o se pierde completamente», a menudo porque la persona «queda absorbida por la masa —de la población, de la ciudad, de las organizaciones burocráticas y las corporaciones globales». Desde 2020, las medidas de gestión del COVID, al imponer formas de vida mucho más artificiales, enclaustradas y distanciadas (y al minar la intersubjetividad, base natural de la existencia humana), además de multiplicar los suicidios y las depresiones han agravado también la pérdida del sentido del yo y la pérdida de presencia.

En el último medio siglo hemos tenido condiciones materiales y sociales que proporcionaban más oportunidades que nunca para poder ser quien somos. Pero también han crecido las amenazas a la condición humana y los intentos deliberados de destruir toda idea de libertad y dignidad y reducirnos a cosas o a máquinas. El intento de destruir el carácter único de cada persona que los totalitarismos del siglo XX desarrollaron desde el poder político, a través de la propaganda y de la violencia, ha pasado a un nuevo registro, más sutil. Jaron Lanier lo llama cybernetic totalism, «totalismo cibernético» (totalismo es el término que Robert Jay Lifton, psiquiatra experto en víctimas de «lavado de cerebro», empleaba para referirse a los sistemas que, sin ostentar nominalmente el poder político, buscan el control total de los seres humanos).

El totalismo cibernético o totalismo digital, que hoy fomentan las empresas tecnológicas y también, cada vez más, los gobiernos y las instituciones globales, considera que «toda la realidad, seres humanos incluidos, es un gran sistema de información», y que el propósito único de la existencia es hacer que los sistemas de información sean más eficientes.

En el amanecer de la cultura occidental, lo que más se valoraba era la sabiduría. A ella aspiraban los filósofos (φιλόσοφοι, philósophoi, 'amantes de la sabiduría'). Hoy lo que más se valora es la información y, todavía más, los datos. Pero los datos no son más que sombras, huérfanas de contexto. Cuando integramos datos de manera coherente, tenemos información. Cuando integramos diferentes tipos de información y los ponemos en su contexto, tenemos conocimiento. Cuando integramos diferentes tipos de conocimiento, tenemos sabiduría. Pero de sabiduría hoy ya no se habla. Solo interesa lo que está al nivel de las máquinas: los datos. Si nos viesen, ¿qué dirían los antiguos griegos, o los hombres y mujeres del Renacimiento?

Hace cerca de medio siglo ha aparecido un fenómeno sin precedentes en la historia de la cultura: el intento supuestamente científico de negar el carácter único de cada persona, el intento de convencernos, desde nuestro interior (en vez de constreñirnos desde el exterior), de que la libertad y la dignidad son falsas ilusiones. (…) considerar a la persona como una simple ficción es el primer paso hacia esta nueva forma de dominio.

El nuevo nihilismo tecnocrático, la nueva ideología deshumanizadora, quiere reducir todo lo vivo a programa informático. Quiere reducir a datos y algoritmos lo que tradicionalmente se ha llamado alma y espíritu —la psique de la psicología, el yo de Lusseyran, aquello que interiormente somos. Intenta reducir las personas a cosa o a masa.

Ernesto Sábato lo anticipó ya en 1951, en Hombres y engranajes: “El capitalismo moderno y la ciencia positiva son las dos caras de una misma realidad [...] de la que también forma parte [...] el hombre-masa, ese extraño ser todavía con aspecto humano, con ojos y llanto, voz y emociones, pero en verdad engranaje de una gigantesca maquinaria anónima. [...] Hombres como Pascal, William Blake, Dostoyevski, Baudelaire, Lautréamont, Kierkegaard y Nietzsche intuyeron que algo trágico se estaba gestando en medio del optimismo. Pero la Gran Maquinaria siguió adelante. [...] No nos engañemos sobre la posibilidad de escapar a este destino, mientras subsista la mentalidad maquinista”.

En ese mismo año de 1951, en The origins of totalitarianism (Los orígenes del totalitarismo), Hannah Arendt relacionó el totalitarismo con la reducción de las personas a masa. Centrándose en el análisis del nazismo y el estalinismo, Arendt explica que los movimientos totalitarios fomentan la masificación y se alimentan de ella. Lo que distingue a los totalitarismos de las tiranías, los despotismos y las dictaduras no totalitarias (como las de Portugal, España, etc.).

Técnica y totalitarismo – Digitalización, deshumanización y los anillos del poder global. Jordi PIGEM (2026), 1ª ed., Fragmenta Edición, Barcelona, Spain, 2023, pp. 186
 

 
Málaga, Andalucía, Spain (2026)
 

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