lunes, 27 de julio de 2026

la adolescencia es ese periodo en el que tu hijo descubre que tú eres idiota

Un escrito hecho por otro (no recuerdo quién) que he leído por ahí (no recuerdo dónde) pero que me ha hecho mucha gracia:

La adolescencia es ese periodo en el que tu hijo descubre que tú eres idiota. La adolescencia es una etapa preciosa, el niño aprende a cuestionarlo todo, especialmente a ti. Tú puedes haber sobrevivido a crisis económicas, a trabajos precarios, a conciertos de punk donde el pogo era una declaración de guerra, pero nada te prepara para que tu descendencia te mire tus vinilos y te diga que eso es “música de viejos”. Es el equivalente emocional a que te escupan en la cerveza. El ataque a tu patrimonio musical, para mí, es como un crimen de lesa humanidad. Porque no hablamos de cualquier cosa. Hablamos de tu colección de discos, ese museo personal donde guardas tus alegrías, tus borracheras, tus exnovias y tus resurrecciones. Que venga un adolescente, que aún no sabe si le gusta más el trap, el reggaetón o el sonido de su propio ego y te diga que tus discos son basura es como si te dijera que tu juventud fue un error administrativo.

Como os he dicho yo no pasé por ese trance. Yo viví el sueño húmedo de cualquier padre melómano, mi hijo Roger no solo no odió mis discos, sino que le gustaron. Eso es como que te toque la lotería sin haber comprado boleto. Como que tu perro aprenda a pagar el alquiler. Como que el técnico de sonido de un festival te diga “todo está perfecto, no hace falta tocar nada”. Es un milagro bíblico, pero con guitarras. Tu hijo ha heredado lo único que realmente importa: el buen gusto y la capacidad de distinguir un riff decente de un beat hecho con un móvil mojado. Porque no hay mayor satisfacción que ver a tu adolescente, ese ser que normalmente solo se comunica mediante gruñidos, ponerse un disco tuyo y decir: “Está guapo.” Ese día no solo te respeta, te asciende. Dejas de ser un fósil con Spotify y pasas a ser un gurú cultural, un chamán del buen gusto, un influencer prehistórico. La conclusión real es que la música une, pero la adolescencia divide, pongas como te pongas. Así que tampoco sería lo peor que te pueda pasar el hecho de que tu hijo te llame anticuado, hay gente que tiene hijos picoletos, 
toreros o del Real Madrid, que eso no lo aguanta nadie con un poco de cerebro. Pero lo mejor, lo sublime, lo que debería estar en los libros de historia, es que te diga que tus discos molan. Eso no es educación. Eso es victoria generacional.
 

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